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Navegando en el Elefante



ESTRENO

12 DE MAYO
6

Sacrificio de Sangre


     La tormenta se desarrollaba feroz en el exterior. Nunca se había visto una temporada de tan mal tiempo en aquella ciudad y por ende, las personas no estaban preparadas para los catastróficos resultados de aquella. Inundaciones por doquier, montañas derrumbadas, personas buscando refugio y casas sumergidas en el agua eran el escenario de lo caótico de aquellos días. La pobreza en la que vivían las personas de los sectores que rondaban la antigua casa Kenneth, hacían un patético contraste con lo lujoso de aquella antigua casona.

    Christina, la única hija del matrimonio, dormía en una de las habitaciones sumida en horribles pesadillas. El matrimonio Kenneth era uno de los más ricos de la región. De hecho, el señor Kenneth, déspota y miserable, era dueño de una de las industrias que daba la mayoría de los trabajos en aquella ciudad. El negocio del salitre daba frutos crecientes en aquella época dorada y él, junto a otros extranjeros más, avalados por los vacíos legales aprovechaban de sacar el máximo provecho posible, mientras sus trabajadores eran explotados en las condiciones más miserables de la vida humana. Por otro lado, la señora Kenneth, mujer fría y sorda acerca de los sórdidos negocios de su marido, intentaba mantener las apariencias frente a la aristocracia imperante en aquellos días. Había previsto el matrimonio de su hija muy pronto y ansiosa esperaba ver el día en que su familia se uniría a otra de las mas importantes del lugar.

    Cada noche las pesadillas de Christina se hacían peores. Todo comenzó una noche cuando presa de alucinaciones producidas por la fiebre, se levanto de su cama y acercándose a la ventana pudo presenciar una escena que la dejo helada. Una mujer volaba por los aires dejando un rastro de oscuridad detrás. No pudiendo creer lo que veían sus ojos, los restregó muy fuerte y pudo comprobar que la escena era verdad. Creyendo que se había vuelto completamente loca se desmayo.

-Hija, despierta hija- dijo la señora Kenneth

    Christina abrió los ojos y pudo ver a su madre frente a ella con un rostro pasmado.

-Madre, lo siento, pero fue horrible. Miré por la ventana y vi… ¡Una mujer volando, mamá!- dijo asustándose con el solo hecho de nombrar esa escena.

    Su madre frunció el ceño y la abofeteo fuertemente.

-¿¡Una mujer volando!? ¡Qué disparates! ¡Escúchame bien Christina, yo no quiero que la gente diga que tengo una hija loca, ni mucho menos que esto llegué a oídos de la familia Tronwell! ¿Está claro? – dijo duramente.

-Sí, madre.

    A su madre no le gustaban las cosas paranormales e incluso el solo hecho de nombrar cosas acerca de brujas o cosas así, encendían sus ánimos de una manera poco sana. Ella, como buena hija que tenía que ser, le seguía el juego. No quería casarse con el hijo de los Tronwell. Era diez años mayor y ella todavía no ansiaba atarse a alguien. Quería experimentar muchas cosas en el mundo, pero tenía que cumplir con su rol. Era una Kenneth y tendría que mantener su estatus, aunque esto hiciera que ella sacrificará su libertad.

    A pesar de todo, desde aquel incidente Christina seguía siendo victima de pesadillas diariamente. Sentía como aquella extraña mujer entraba a su cuarto de noche y se acercaba peligrosamente hacia su cuello. No quería pensar nada malo sobre aquellos sueños, pero sinceramente, cada vez que despertaba un amargo sabor quedaba en su boca.

    Cierto día, mientras almorzaban en el lujoso salón de su hogar su madre le hablo:

-Hija, hoy llegará tu prima desde Swadish a pasar sus vacaciones con nosotros. Esta ansiosa por conocernos y explorar los alrededores. ¿Serías tan amable de llevarla a conocer los terrenos? – pregunto gentilmente.

-Sí, estaré encantada. No sabía que tenía una prima en Swadish – dijo extrañada

-¡Ni yo misma! Si no hubiera recibido la carta de mi hermana ayer, no me lo hubiera imaginado- finalizo con una risa.

-Papá no ha llegado. ¿Cuándo volverá?- pregunto Christina.

    Su madre se puso tensa con la pregunta y respondió seria y fría.

-El ha estado ocupado. Los trabajadores del salitre no están contentos con sus sueldos y están amenazando con huelgas. Mal agradecidos, Edward se esfuerza por ellos y de esta manera le pagan. Debería hacerlos trabajar el doble por tal insolencia. – termino respingando la nariz.

-Pero madre, ellos de verdad viven en condiciones indignas, papá debería ayudar a sus empleados. Esos sueldos no alcanzan ni siquiera por los comestibles de un mes.- dijo Christina.

-¡Cállate! – dijo alterada – No quiero oírte hablar sobre esto. ¿Me entiendes? Son asuntos de tu padre y no puedes interferir.

Christina se mordió la lengua para no hablar más. Una empleada se acerco a ellos y dijo:

-Señora Kenneth, su sobrina ha llegado.

-¡Magnífico! Vamos a recibirla al salón – dijo sonriente.

    Christina y su madre caminaron hasta el gran salón donde los esperaba su prima. Era alta, de pelo largo y ondulado. Su cabello era de un color negro intenso, el cual hacía un hermoso contraste con sus ojos verdes. 
Algo en su mirada le sugería que la había visto antes. Su mamá se acerco a ella y dijo en voz alta:

-Christina, te presento a tu prima Octavia. Espero que se lleven muy bien.

***

    Un mes paso desde la llegada de Octavia y Christina no podía recordar mejores momentos que los que pasaba con su prima. Cada tarde después del almuerzo y las clases de canto y piano, salían a pasear juntas por el gigantesco parque que la familia tenía como patio trasero. Mas tarde ambas bordarían hermosos pañuelos que la otra debería ocupar o se irían al salón, donde Christina tocaría la última pieza de piano que había aprendido a la vez que Octavia cantaba con su dulce registro. Christina amaba la compañía de su prima y deseaba que nunca se terminara su visita.

    A pesar de toda la diversión que ambas obtenían cada tarde, las pesadillas de Christina comenzaron a empeorar y gradualmente comenzó a enfermar. Hubieron días en que incluso no podía levantarse de su cama, debido a que no encontraba las fuerzas para hacerlo. Octavia generalmente se quedaba ese día completo con ella y al día siguiente se sentía mucho mejor. Su madre no se explicaba esas repentinas recaídas y tampoco le interesaba mucho mientras ella se pudiera sanar. Dentro de dos semanas el matrimonio con el hijo de los Tronwell se realizaría y solo eso importaba por el momento.

    Mientras paseaban un día por el parque, Christina le dijo a Octavia:

-No quiero casarme.

-¿Por qué? – pregunto la otra.

-No quiero ser la esposa de ese hombre. No es malo, pero no es lo que yo quiero para mi vida. Octavia, quiero ser libre y disfrutar de las cosas sencillas de esta vida. Caminar por el parque, el bosque, ver los animales. Hay tantas cosas hermosas por hacer y no quiero a alguien que me obligue a esclavizarme a un vida que no quiero- terminó triste.

    Octavia la tomo de las manos y le dijo sonriendo:

-Pero no siempre tienes que hacer lo que te dicen.

-No tengo opción Octavia. Mamá me matará si no lo hago. Sea como sea, es mi madre y le debo el respeto que merece. Tengo que hacerlo. Es mi obligación- al decir esto sus ojos se llenaron de lágrimas.

    Octavia abrazo a Christina. Estaban en un lugar alejado del parque. Solo arboles las rodeaban, junto a un lugar donde un tibio pasto se ofrecía para ser recostado.  

-Todo estará bien, te lo prometo- dijo Octavia.

    Christina miro a los ojos de Octavia. Se vio reflejada en aquellos ojos verdes. Vio como su cabellera rubia y lisa bajaba por sus hombros. No se dio cuenta cuando incluso podía ver de muy cerca los ojos de su prima. Octavia abrazo mas fuerte a Christina mientras esta acercaba los labios a ella. Jamás había besado a alguien y se sentía muy bien. Sobre todo si era con ella. La mujer que más la había hecho feliz.

    Ambas niñas cayeron al pasto de rodillas mientras mantenían aquel beso. Christina comenzó a recorrer el cuerpo de Octavia, mientras esta le acariciaba el cabello. Sus manos inquietas llegaron hasta su espalda donde quiso quitar la cuerda del corsé de Octavia.

-No, por favor Christina- dijo Octavia temblorosa.

-¿Por qué? Tú también lo quieres – dijo Christina.

-No esta bien, perdóname Christina – dijo mientras salía huyendo.

    Christina observo triste como Octavia corría hacía la mansión. Una lágrima recorrió su mejilla mientras se levantaba para ir en su búsqueda. No había duda. Sabía lo que sentía por Octavia, aunque eso fuera prohibido por el lado que se le miraba. Era una mujer y también su prima, aunque no podía evitar sentir lo que sentía por aquella niña que corría asustada…

***

    Faltaban aproximadamente tres días para el matrimonio y Octavia estaba mas enferma que nunca. Por alguna extraña razón, las fuerzas no llegaban a ella, lo que no le permitía ni levantarse. Ni siquiera las visitas de Octavia parecían animarla. Su madre estaba completamente histérica y cierto día donde los nervios le ganaron al sentido común, le grito mientras se probaba el vestido de novia.

-DE DONDE SEA SACARAS FUERZAS PARA EL MATRIMONIO. NO QUIERO EXCUSAS PARA NADA.

    Un portazo anuncio que esto se tendría que cumplir a cabalidad. Octavia, quien se encontraba cerca, abrazo a Christina y le pregunto:

-¿Hay algo que pueda hacer?

    Christina miró a Octavia. Hacía días que no le hablaba ni la trataba de esa manera. Sentía unas enormes ganas de llorar. Deseaba con toda su alma acabar con todo, pero sabía que era imposible romper la mano al destino que habían escrito para ella. Ese era su último momento.

-Déjame pasar mis últimos momentos contigo. Tú eres la mujer que me ha hecho más feliz en la vida…

    Christina acercó sus labios a Octavia y estos no la rechazaron. El ambiente se volvía tenso mientras las dos niñas jugaban con sus lenguas. Mucho mas allá de dónde ellas estaban un evento de magnitudes gigantes se comenzaba a generar. Christina ansiosa por explorar a Octavia y en cierto sentido a ella misma, la desvistió y comenzó a descubrir las bondades de la carne, mientras Octavia tan solo se dejaba querer por Christina.

    Ensimismadas en las artes del amor que se descubre recientemente, un bramido rugía en las afueras de la ciudad. Aquel lugar que había sido llamado el paraíso de la economía parecía sucumbir ante lo inminente. Todo se desmoronaría y el débil se alzaría contra el tirano. Siempre está presente el miedo en quienes ostentan el poder. Quien maneja el miedo es poderoso y ciertamente, puede llegar a controlarlo todo. Pero, el miedo también puede ser combatido y este puede devolverse. Edward y sus secuaces gritaban mientras la voz de los oprimidos se imponía ante ellos.

    Octavia dejo a Christina durmiendo en su habitación. La luna llegaría a su punto máximo esa misma noche y debía apresurarse lo máximo que pudiera. Cerró la puerta con cuidado y escondiéndose de los criados y de su misma tía, fue a buscar el escondite donde Lemuria la esperaba.

***


    Christina flotaba en el tiempo. Las sustancias no tenían forma y ella misma podía sentir lo efímero del espacio en relación a los conceptos de lo que está mas allá de lo superfluo. Podía volar y se sentía libre de toda atadura. Recordaba a Octavia claramente y quería encontrarla en aquel lugar en el que estaba. “¿Dónde podrá estar? “se pregunto, cuando extrañamente dos voces se oían a los lejos. Curiosa por aquél hecho comenzó a acercarse a un misterioso lugar. Parecía un sótano, el cual estaba lleno de velas y toda clase de hierbas, mientras un caldero hervía a fuego lento. Dos mujeres hablaban fuertemente. Una estaba sentada y no pudo reconocer quién era, pero a la otra si la reconoció. Era Octavia.

-Hoy día tienes que efectuar el ritual. Si resulta todo bien, la vida se atará a tu cuerpo y podremos volver a la esfera terrestre.- dijo la mujer que estaba en el suelo.

-¿Qué ocurrirá con Christina? – pregunto Octavia.

-Morirá- respondió la otra.

    Christina se sintió pasmada. No podía creer lo que escuchaba. ¿Octavia iba a matarla?

-¿No puedes hacer algo para salvarla, bruja? – pregunto.

-¿Por qué quieres salvarla? Le has tomado cariño por lo que veo. Estás verdaderamente podrida Octavia. 

    Te has estado alimentando de su sangre todo este tiempo y ahora temes por su vida. Es una lástima, pero si no haces el ritual tú desaparecerás y es muy difícil que tu espíritu sobreviva otra vez.

-¡Cállate! Sé todo eso y créeme que me duele. No quiero que Christina muera. Ella no se lo merece, todo esto es mi culpa…

- Veo que has ganado algo de conciencia a la poca humanidad que te queda. Estás aprendiendo. Después  de todo, no eres tan distinta a ese raro que asesinaste hace unos meses…

    Octavia permaneció en silencio y no respondió.

-Es hora que vayamos. Hay algo raro en el ambiente y es mejor evitar contratiempos. Ese cuerpo que posees se descompondrá si no nos apresuramos.

    Ambas mujeres tomaron sus vestidos y procurando que no hubiera nadie, salieron por un hueco que había en la pared hacía el exterior. Aquel lugar era el viejo sótano de la casa de los Kenneth, donde mucho tiempo atrás Christina solía jugar antes que su madre decidiera que era peligroso para ella y mandara a taparlo.

    Christina sentía unas enormes ganas de llorar. Octavia era muy distinta a como ella la había conocido. No imaginaba que ella pudiera cometer esos actos tan horribles, pero a la vez no podía negar todo lo que sentía por ella. Así mismo  siguió flotando por lo que noto era la ciudad y cegada por un destello descubrió algo que le llamo de inmediato la atención. Un montón de personas se reunían en la calle con antorchas. Era casi todo el pueblo y pudo escuchar claramente lo que tenían pensado hacer.

    Sacando fuerzas de flaqueza y decidida a lo que se vendría tomó una determinación. Mirando hacia el cielo y sonriendo felizmente, se lanzo en picada contra su casa donde terminaría lo que Octavia había comenzado.

***

    Octavia llego a la habitación de Christina, dónde esta dormía profundamente. Acercándose lentamente a la cama de Christina, se sentó y comenzó a acariciar su cabello. Lucía hermosa durmiendo y más aún si era a la luz de la luna. Lágrimas corrían por su rostro, le dolía hacer esto y mucho. ¿Esto era lo que los humanos llamaban amor? Vio su existencia completa ante ella y se sintió más miserable que antes. Ella era la culpable de todo, ella había cometido tales errores en el pasado, ella había decidido irse por un camino que no era correcto y aún así la vida le permitía compartir con personas como ella, como Christina…

    Se levanto y camino hacía el centro de la habitación. Esta era grande y espaciosa, lo que le daba el espacio suficiente para empezar el ritual. Sacando de uno de los bolsillos ocultos de su vestido un puñado de azufre, se dispuso a dibujar un círculo y varios símbolos antiguos. Habiendo terminado tal acción, se dirigía a encender unas velas cuando una voz la interrumpió:

-Sé lo que vas a hacer.

    Octavia se volteó y horrorizada contempló como Christina se levantaba de su cama y se quedaba observando el círculo.  Esta tiritaba y parecía que se iba a desmayar en cualquier momento.

-Christina, vuelve a la cama. No estás bien – dijo Octavia

-Estoy perfectamente bien Octavia y sé que quieres asesinarme para volver a tu mundo de nuevo – dijo Christina a la vez que las lágrimas corrían por su rostro.

-Yo… eh… yo no quiero hacerlo. No puedo Christina – dijo mientras caía de rodillas.

    Octavia se sentía más miserable que nunca. No le interesaba nada mas, tan solo dejaría que ese cuerpo en el que ahora estaba se pudriera para así no lastimar a Christina. Pudo sentir dos brazos recorriendo su cuerpo y de improviso la boca de Christina surcaba la suya. Cristina la miró fijamente y dijo:

-Quiero que me expliques todo.

    Octavia la miró fijamente y comenzó:

    “Vengo de otro mundo muy distinto al tuyo. Por ciertos eventos de mi vida, terminé metiéndome en terrenos que no debía. Me entregué al demonio y a todo su séquito para tener en mi vida lo que tenía y al final terminé sin mi cuerpo. Quedé solo como un alma que vaga en la tierra, hasta que recordando las artes malignas que había practicado en vida, pude conseguir un cuerpo a través de un ritual de vampirismo.

    Engañe a un hombre solitario que lamentaba la muerte de su viejo amante. Su dolor y su sacrificio para poder traerlo a la vida me dieron un cuerpo mortal pero a la vez efímero. Este cuerpo que ahora vez es muy inestable, si no se mantiene constantemente termina pudriéndose y por ende, inservible. Ahora, al haber ocupado un ritual de vampirismo, quedé atada a este para poder sobrevivir y todo este tiempo me he alimentado de ti en las noches.

    ¿Recuerdas la noche que viste a la mujer volar? Esa era yo cuando habiendo conseguido un cuerpo, escape del mundo terrestre para buscar a Lemuria, la bruja que habita en tu mundo. Debía escapar de la esfera terrestre ya que el demonio no dudaría en buscarme si sabía que había vuelto a la vida de nuevo. Estando ya acá, Lemuria me dio la clave del ritual para poder tener vida de nuevo. Así fue como embrujamos a la hermana de tu madre y me hicieron pasar a mi como su sobrina. Necesitaba que tú fueras la elegida ya que me habías visto anteriormente y por sobre todo, necesitábamos una mujer que no hubiera sido tocada por hombre alguno. De esta manera llegué acá y lo demás supongo que lo sabes.”

    Christina miró a Octavia y pregunto:

-¿Cuál es el ritual?

    Octavia rompió en llanto y continuó:

-El ritual consistía en hacer un sacrificio humano de amor. Yo debía poder enamorarte para que tu alma sintonizara con la mía. De esa manera, con el poder de tu amor yo volvería. Aún así, al final terminé amándote también y no quiero asesinarte. Tú no tienes que sacrificarte por mí. Esta misma noche me iré lejos. -  terminó Octavia

   Christina se levanto y acercándose al círculo que había dibujado Octavia anteriormente le dijo:

-Haz el ritual.

-¿Qué estás diciendo? – dijo Octavia sorprendida

-Sé que necesitas tu cuerpo. No me queda mucho tiempo en este mundo, ¿puedes escuchar el ruido que hay afuera? – dijo señalando la ventana.

    Un rugido estruendoso rompió con el ambiente que se había creado entre ellas dos. Sonidos de pasos eran notorios y Octavia acercándose a la ventana pudo ver lo que era. Todo el pueblo del lugar se aglomeraba con antorchas fuera de la casa Kenneth. A segundo de haber visto esa imagen la puerta se abrió y Lemuria entro rápidamente.

-Octavia, debes hacer esto rápido. No queda mucho tiempo, ¡las personas que están afuera van a quemar la casa!

-Vamos, hazlo – dijo Christina decidida.

-¡No puedo! ¿Qué sentido tiene hacer esto si no estaré contigo? No tengo nada por lo qué volver a la vida. – dijo llorando.

-¡Tienes que hacerlo Octavia! No me interesa lo que hayas hecho antes. Si pudiste volver, es porque de verdad tienes que hacer algo importante ya sea en este mundo o en el tuyo. Toma mi vida rápido, no me interesa vivir toda mi vida infeliz con un hombre que no quiero. ¡Prefiero que mi vida fluya en ti! – dijo mientras se desmayaba en el circulo.

    Fuertes gritos se escuchaban dentro de la casa. La temperatura del lugar aumentaba considerablemente junto a un fuerte olor a humo. La casa se estaba quemando y no pasaría mucho tiempo hasta que el fuego llegara a la habitación.

-Vamos Octavia, no queda mas opción – le grito Lemuria.

    Octavia viendo que la situación ya no daba para más, entro en el círculo, se agacho y tomo a Christina en brazos. Christina la miró por última vez y le susurró:

-Me hubiera gustado que esto hubiera durado para siempre. Aunque me pone feliz que viviré en ti para siempre, te amo. – terminó sonriendo.

    Octavia sacando las últimas fuerzas que tenía, se dirigió al cuello de Christina y comenzó a succionar toda la sangre que quedaba en el cuerpo de esta. Lemuria se movía alrededor del círculo a la vez que recitaba antiguos hechizos. El fuego consumía  la casa y se acercaba peligrosamente a la habitación. Octavia paro de beber la sangre de Christina y esta, dando sus últimos estertores, sucumbió a la muerte.

    Una fuerte energía emano del círculo y comenzó a cubrir a Octavia. Christina cayó de sus brazos y antes de llegar al suelo comenzó a desintegrarse, pasando a ser parte del cuerpo de Octavia. El fuego ya había pasado a la habitación y con un fuerte estruendo la puerta voló dejando que el fuego avanzará mas rápido para devorar todo lo que se encontraba dentro.

-Debemos irnos hacía la costa – dijo Lemuria – el fuego nos quemará si no nos apresuramos.

    Octavia miro por última vez ese lugar que era consumido por las llamas y tomando a Lemuria en sus brazos, comenzaron a elevarse por los aires atravesando el techo de la antigua casona para salir al aire libre y poder volar hacia la costa, donde Lemuria dijo que deberían ir. Mientras volaban en su camino hacía el lugar, Octavia no pudo evitar pensar en todo lo que había pasado y sobre todo, en la que Christina le había dicho. ¿de verdad ella tendría algo que hacer en este mundo o en el otro?  Fuera lo que fuera, sabía algo: La muerte de Christina no sería en vano… ella no permitiría eso.

    Mientras Lemuria y Octavia volaban por los cielos, los oprimidos celebraban la derrota del poderoso. El caos y el desorden recorrían por todo el lugar y las personas esperaban que un nuevo amanecer llegara para ellos. La muerte del viejo Edward y toda su familia era la coyuntura que ellos necesitaban para un mejor porvenir. La industria y la empresa cayeron en manos de las personas del lugar quienes trabajaron la tierra y comenzaron a ganar mejores condiciones para sus familias. Una nueva era había comenzado para ese mundo.




***


"Lulupapa y la Legión del Elefante" y "Sacrificio de Sangre" continúan en:





3

Siete y la Legión del Elefante

     Siete y Lulupapa dormían tranquilamente. La noche había llegado hacía muy pronto y simplemente el sueño los había devorado a ambos. Acostumbrados a los vapores somnolientos de un estado catatónico-mortífero, ambos sintieron como podían flotar a través del tiempo y el espacio. Cada noche desde que se habían conocido volaban a través del mundo. Muchas veces habían podido pasar a través de nubosas que los conducían a otros espacios distintos. Ciertamente, disfrutaban mucho la compañía del uno y el otro en estos viajes tan ansiados por ambos niños.  En la mañana ambos despertarían y aunque no hubieran dormido en la misma habitación, sabían lo que habían vivido anteriormente y no dudaban en pasar largas horas remembrando lo acontecido.

-Siete, ¿viste aquel lugar anoche? – pregunto Lulupapa.

-Sí, es un tanto extraño y la verdad no me explico que podría ser – contesto al niño.

-Lucía como una antigua biblioteca. Vi palabras muy extrañas su exterior y me dio miedo acercarme. ¿Qué tal si lo intentamos hoy? – inquirió ansioso.

-No sé Lulupapa. No creo que sea pertinente hacer esas cosas, no por ahora. ¿Te das cuenta que no es normal esto que vivimos cada noche? Aún no sé por qué podemos hacer esto – dijo preocupado.

-Siete- dijo tomando su cara con sus manos- siempre estaré contigo, tan solo confía en mi. Tan solo observemos, si ocurre algo nos iremos de inmediato. ¿Oki? – pregunto sonriendo.

-Esta bien- dijo Siete cerrando los ojos con una expresión de renuncia.


***


     Esa noche Lulupapa se fue a dormir a la casa de Siete. La familia de Siete no miraba con muy buena aprobación la relación que veían en ambos niños, pero en sí no tenían las ganas ni la intención de inmiscuirse. Sospechaban que había algo raro en esos dos, pero habían problemas muchos mayores por el que preocuparse más, que por dos mocosos extraños. Siete preparo su cama y Lulupapa se recostó al lado de él.

-¿Tienes miedo? – pregunto Lulupapa.

-Sí, un poquito- respondió cerrando los ojos Siete.

-Tranquilo- terminó abrazándolo.

     Lulupapa sentía un cariño muy especial por Siete. No se explicaba que podía ser aquello, pero sabía que no veía su vida sin aquel niño pálido, de pelo negro y ojos tristes. Nunca lo dejaría solo, pero aunque el temor de Siete lo hacía dudar de si estaba correcto o no lo que iban a hacer, una parte de él lo empujaba a explorar más allá de lo que habían alcanzado juntos. Quería conocer los límites de aquel extraño paraje al cual habían llegado la última noche.

     El silencio comenzó a desaparecer de la habitación. Ambos niños comenzaban a sentir los primeros síntomas de lo que acostumbraban a hacer cada noche. Un extraño pitido comenzó a resonar en las paredes. No era molestoso ni agradable, tan solo comenzaba a resonar y crecer en magnitud. Podían sentir como sus cuerpos se sentían mas pesados, mientras que el sonido de agua correr se hacia presente. Una palabra en un extraño idioma circundaba por la mente de los niños a la vez que un extraño ritmo parecía mezclar con el festín de eventos que ocurrían. La antesala para el estado final se acercaba y repentinamente todo acabo.

     Ambos abrieron los ojos y tomándose de las manos saltaron de la cama. Felizmente vieron como sus cuerpos flotaban en el aire. El proceso había funcionado a la perfección. Los niños vieron como sus cuerpos físicos dormían perfectamente en su cama, al mismo tiempo que un cordón de plata que provenía de sus cabezas los ataba a ellos. No sabían cómo, pero tenían más que claro que esa era su unión con este mundo. Si el cordón fallaba, jamás podrían volver.

     El mundo se abrió a sus ojos mientras flotaban por el cielo. La ciudad impune se mostraba ante ellos como la visión de un apocalipsis zombífago. Toda clase de hombres, mujeres y extrañas criaturas convivían en la oscuridad de la noche, convirtiendo las sombras en su hogar. Siete en su corazón sentía una gran tristeza. Sabía que la oscuridad no podía siempre significar algo malo, más que nada, el mismo había estado un tiempo atrás sumido en ellas. Aún así, Lulupapa era la luz que lo ayudaba a salir adelante, aunque a ratos le gustaba volver a su antiguo ser. Sabía que algunas cosas tenían que solidificarse y ponerse en práctica.

     Siete miro a Lulupapa y le dijo:

-Luces bien con el cabello desordenado al viento-

-¡Ja! Y tu eres hermoso solo por ser tú- respondió sonriendo.

-Tonto- dijo Siete sonrojado.

      El cielo se abría hacia ellos y comenzaron a divisar unas nubes más densas que las anteriores. Lulupapa se acerco a Siete y le dijo:

-Bien Siete, nos acercamos al lugar-

     Atravesaron la nubosidad rápidamente y el mundo de los humanos ya no los rodeaba más. Estaban en un lugar completamente extraño, aunque no tan nuevo para ellos. Era una especie de nada, en donde solo una antigua Biblioteca se ceñía ante ellos. El edificio era largo y grande. En su fachada un montón de palabras circundaban sus pilares y su techo. Dos estatuas gigantes vigilaban la entrada.

     Los niños se acercaron lentamente hasta la entrada. Siete estaba nervioso, a la vez que Lulupapa cada vez más ansioso. Siete creyó ver que las estatuas habían volteado sus ojos al pasar.

-Lulupapa, ¿y si nos vamos?- le rogo con miedo.

-Siete, solo miremos y nos vamos- le dijo impasible.

     Pasando la entrada llegaron a una gran puerta. En ella la siguiente inscripción se podía leer:


“Entra valiente viajero astral del mundo proscrito
que acá tu destino ha sido escrito
mas acá solo hay una arma
y si eres inteligente podrías ver hasta el Karma”


     Lulupapa miraba fascinado la inscripción y empujo la puerta. Esta al mínimo roce con Lulupapa comenzó a abrirse y Siete comprobó que en su interior habían muchos estantes dispuestos en una extraña posición hexagonal. Juntos caminaron hacia el interior y descubrieron que la primera estantería comenzaba con el numero  >>22<<.

-Ya viste Lulupapa, mejor vámonos- dijo asustado Siete

-Siete, ¡Por favor¡ ¡Cálmate! Mira este lugar, es magnífico y hay mucho que ver. Hay tantos libros, ¡No sé por dónde empezar¡ - termino fascinado.

-Esto es suficiente, si te quieres quedar bien por ti. Yo me voy –

     Apenas había terminado de decir aquellas palabras, la puerta se cerro y en el lugar un montón lámparas se encendieron. Siete puedo notar que en esa planta solo habían estantes. Mas arriba se encontraban mas pisos, aunque no se divisaban escaleras para llegar a ellos.

-Vamos siete, solo un poquito y nos vamos- pidió Lulupapa.

-No, tu ve a explorar. Yo me quedaré acá hasta que termines y nos vamos- dijo Siete severamente.

     No soportaba el miedo que le causaba ese lugar. Algo le decía que no era correcto que ellos estuvieran ahí, o por lo menos, no en ese momento. Lulupapa, mientras tanto, comenzó a recorrer los estantes. En uno muy extraño, que no poseía número, vio unos extraños libros. Saco uno muy grande que no tenia titulo y lo abrió. Este se ilumino y una voz salió imponente de aquel.

-Bienvenidos al registro de las vidas pasadas y karmas. En este lugar encontraran la información necesaria para el proceso de iluminación del alma espiritual y el avance hacia dimensiones mas altas para alcanzar los niveles prístinos de la materia y no-materia. En este viaje como co-creadores del universo alcanzaremos la energía cósmica que nos ayudará al desarrollo del proceso regulador del balance entre las energías de la tercera dimensión y…-

    Lulupapa quedo en una pieza y no entendía nada de lo que la voz le había dicho. Sin embargo, ni tiempo tuvo para pensar ya que algo extraño sentía que sucedía. Sus ojos se abrieron de improviso y vio algo horrible. Una visión llegaba a sus ojos. Una extraña sombra movía el cordón de Siete en la habitación que ambos dormían. ¡Quería matar a Siete!

     Soltó el libro y fue corriendo hacía la puerta donde esta se abría completamente. Siete era arrastrado hacía afuera  mientras gritaba:

-¡LULUPAPA¡ ¡AYUDAME¡-

-¡SIETE! – grito desesperado.

     Iba alcanzando la puerta, pero al momento que Siete era expulsado del lugar, la puerta se cerraba dejándolo adentro. Lulupapa observo con horror la escena y comenzó a gritar desesperado mientras golpeaba la puerta.

-¡Déjenme salir! ¡Mierda! – pateaba la puerta con muchas ganas.

     Tenía que encontrar una forma de volver y salvar a Siete y tenía que ser rápido. Sabía que si se asombraba podía volver, pero por alguna extraña razón ese lugar lo ataba ahí. De improviso, la puerta se abrió de nuevo y sin pensarlo dos veces salió corriendo. Comenzó a flotar por los aires en busca de Siete. No podía estar muy lejos. Salió de la nebulosa para llegar al mundo real , cuando entre las nubes lo pudo ver.

-Lulupapa, por favor ¡Ayúdame! – lloraba Siete mientras era arrastrado.

     Lulupapa voló mas rápido, pero sus intentos eran inútiles. Siete era arrastrado y por lo que veía se dirigían a su casa. Comenzó a volar mas rápido para llegar antes que él. La sombra lo arrastraba hacia allá con su cordón, pero no podía entender por qué. Repentinamente, la visión de la casa de Siete fue notoria y apresurándose llego al cuarto. Sus cuerpos yacían en la cama durmiendo, mientras la sombra tomaba el cordón de Siete.

     La sombra no poseía una forma definida. Parecía estar hecha de humo y lucía casi etérea.

-¡Suéltalo! - grito Lulupapa.

     La sombra no respondió y tirando la cuerda más fuerte, el cuerpo de Lulupapa irrumpió en la habitación. Atemorizado por lo que se vendría a continuación Lulupapa quedo congelado. Al sostener con sus manos el cuerpo de Siete, la sombra rompió el cordón de este. Siete abrió sus ojos muy grandes y mirando con tristeza por última vez a Lulupapa fue tomado por la sombra, mientras huían por la ventana. Lulupapa no podía moverse y sentía como caía a través de la habitación a la vez que se volvía todo oscuro.

     Abrió sus ojos y descubrió que estaba en su cuerpo de nuevo. Sentía miedo y comenzó a mover el cuerpo de Siete para que despertase, mas este no se movió. Comenzó a comprobar sus signos vitales y estos no funcionaban. Solo quedaba aceptar la verdad: Siete estaba muerto.  

     Abrazo el cuerpo de Siete, mientras sus lágrimas caían como agua por su rostro. Todo era su culpa, si tan solo hubiera escuchado a Siete, si tan solo el hubiera sido mas rápido, si no fuera tan idiota y obstinado, el tendría a Siete con él. Sollozaba crudamente con Siete en sus brazos y quería simplemente morir. Toco la cara de Siete con sus manos y comenzó a darle tiernos besos por su rostro. Aún conservaba su calidez. 
Quería que ese momento no existiera, quería que el estuviera con él y rieran como todas las mañanas, quería a su Siete, su amado Siete…

     Un crack sonó el exterior. Lulupapa se asusto y miro por la ventana. La escena que vio en su exterior lo dejo sorprendido. Un enorme barco abarcaba todo el cielo y llegaba a rozar los edificios. Era gigante, el barco mas grande que en su vida había visto. Llevaba una bandera, la que tenía sibujada un elefante y cinco estrellas, y en su proa otro elefante se encontraba tallado. Un extraño brillo envolvía toda aquella nave y lucia simplemente apoteósico.

-No llores niño- dijo una voz

     Lulupapa se dio vuelta rápidamente y vio quien hablaba. Un extraño hombre calvo, pálido como el papel y con una túnica blanca lo miraba fijamente.

-Qué descortés he sido. Me llamo Wolken y soy de la Legión del Elefante. Ese barco nos esta esperando. Será mejor que tomes el cuerpo de Siete y nos vayamos. No te preocupes, los humanos no pueden ver el barco, tomamos precauciones – termino riendo el sujeto.

Lulupapa estaba confundido y no sabía que decir. Lo único que se le vino a la cabeza fue preguntar “¿Por qué?”.

-Hay mucho que explicar, pero no acá. Vamos rápido, ¿o no quieres salvar a Siete?- termino Wolken mientras se llevaba a ambos niños con él al barco.


Continuara en algún tiempo....

3

La muerte a las una

    Debo confesar que desde su partida no paro de pensar en él. Creo que el Invierno llego para quedarse y no se irá. Bueno, así creo que son las cosas, mas ¿Quién me afirma que esto ha sido así todo este tiempo? La verdad, no sabría dar una respuesta a una pregunta que no tiene ni siquiera una base fidedigna. Creo, y estoy sumamente convencido, de que me he perdido en los vastos caminos que conducen al dolor. No soporto la calidez del sol ni la brisa del verano, ni mucho menos las risas de las personas. Desearía que todo por fin cesara, que un cataclismo acabara el mundo. Quizás así, llegaría de nuevo a él…

    El reloj tocará las una pronto. Es extraño pensar que hace un poco tiempo atrás esta sería la hora de nuestros encuentros. Dos cuerpos se tocan, se estremecen, rechinan, crujen, enjuagan, retuercen, muerden, saborean y se dislocan mientras las manecillas del reloj dan paso a las notas de un candor fúnebre. Esto no es un acto de inocencia o simplicidad, es simplemente la antesala del momento que mas amábamos. La muerte. Suena extraño, pero amábamos morir en los brazos del otro, extinguir los latidos y respiraciones en un solo pulso que traería consigo toda clase de sensaciones. Sin embargo, el regalo de la muerte es corto y la resurrección, nuestro castigo, aparece inconmensurable. ¿Quién alguna vez dijo que la resurrección es un regalo, si la persona desea solamente morir?

    Extraño mucho sus ósculos y esa ambrosía que se extrae desde los labios de la persona que se ama. Desearía, aunque sea solo por un momento, poder contemplar su rostro antes que los contornos de su semblante desaparezcan de mi memoria para siempre, quisiera encontrar la manera de poder devolver el tiempo;  que las una sea el momento de tu llegada nuevamente y que el silencio que me rodea se transforme en el aroma que despertará el motivo de mi existencia otra vez. Pero, hay que ser realistas, eso jamás pasará. Por lo menos no en esta vida.

    Siempre he creído en lo conciso. No quiero caer en ilusiones falsas, menos cuando esta extraña voz me ofrece ayuda para traerlo de vuelta. Octavia no me deja en paz en ningún momento. Así es como se llamo a si misma la criatura que ha venido las últimas noches a interrumpir mi sueño a las una.

-“Sangre… tan solo un poco de tu sangre podrán traerlo desde el inframundo. Solo una gota de tu sangre y el volverá a ti. La sangre es vida, la sangre es vida…démosle vida al que se le he arrebatado.”

    Quisiera poder creer lo que esa voz tan silbante me ofrece. Mi amor aún esta acá, lo siento, lo necesito. Tan solo podría intentarlo y todo sería como antes.

-“Perfecto, perfecto, así es como se hace. Ofrece tu pezón izquierdo a la muerte…”

    Mis manos se mueven en una dirección casi automática. Mi camisa es arrancada a tirones y mi pecho desnudo tiembla con la brisa helada que circunda el lugar. La respiración se siente agitada y creo que moriré de miedo. Estoy perdido y no tengo salida. Es ahora o nunca.

-“Ven a mi Nathan, camina hacía a tu amado…”

    Puedo sentir como piedras golpean el suelo. ¿Por qué siento que no puedo ver bien? El sonido se acreciente cada vez mas y un dolor lacerante recorre mi cuerpo. Dos colmillos traspasan mi pezón y comienzo a sentir la sangre que fluye y como Nathan lo bebe. Sus manos están heladas y recorren mi estomago. Succiona con un hambre voraz. Creo que me voy a desmayar  si sigue. Le pido que pare por favor y el espíritu vuelve a hablar.

-“Esto esta muy bien, termina con lo que empezaste Nathan”

    Nathan se coloca encima de mí y me comienza a golpear. Grito desesperado y le pregunto por qué hace eso. Más ninguna respuesta parece emerger de su boca. Siento que cada vez veo mejor y con horror veo lo mórbida de la escena ante mí. ¡El cadáver de Nathan esta golpeándome y succionando la sangre de mi pezón! Su aspecto es cadavérico, sus uñas están largas y amarillentas y su piel esta gris y llena de llagas. Su rostro esta completamente desfigurado y sus largos cabellos se caen a medida que se mueve.

    No entiendo, debe ser una pesadilla de la cual no puedo despertar, pero los golpes me muestran que eso no es así. Grito más y más fuerte y Nathan no para. Su fuerza es descomunal y haciendo un esfuerzo sobrehumano logro empujarlo y levantarme rápidamente. El espíritu de Octavia  luce mucho más nítido que antes.

“Iluso, la blasfemia consumió tu mas puro amor y verás que no todo es como en las películas. Una cosa que debiste aprender es que los muertos, muertos están y nada de lo que hagas puede evitar eso. Gracias por devolverme a la vida, ahora podré seguir lo que comencé…”

    La ventana cercana se abre de par en par y Octavia desaparece. El cuerpo de Nathan se levanta y se acerca a mi lentamente. El miedo me paraliza y sé que este es mi fin y que nada de lo que haga podrá salvarme. Me siento triste y sé que mi amor por Nathan me llevará a mi fin. Me inclino y mirando al Cristo cercano comienzo a rezar, esperando que mis súplicas alcancen al señor antes de que Nathan me envíe al infierno para siempre, justo a la una.

4

Some people are like shit...



Hoy, precisamente ahora estoy con un humor de puta.


ODIO a las personas que se creen mejor que las demás.


¿POR QUÉ?


Simple, 


NADIE, absolutamente nadie es superior a otra persona. Quizás puede sobresalir en algo, pero no ser mejor.


Si te crees en el derecho de juzgar y  tratar mal a otras personas, déjame decirte que estás lleno de mierda.


Así que esto va para ustedes.


(Gracias a la señorita Heidi por enseñarme el truco para darle este efecto a las fotos)
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Equilibrio y Sombras: Background



    La verdad ha pasado un buen tiempo desde que escribí una columna propiamente tal. Creo que ni siquiera recuerdo sobre lo último que escribí ya que las historias han ocupado mi tiempo últimamente. Sobre esto pretendo hablar en esta pequeña columna.

    La verdad escribir historias ha sido mi pasión desde muy pequeño. Desde que tengo uso de mi memoria he escrito historias sobre lo que fuera: mi casa, mis animales, mi colegio, etc. Mi imaginación comenzó a ser amplia a medida que pasaban los años. Todo esto, sumado a mi fascinación por la lectura: aquel mundo que se despliega ante ti a base de sutiles palabras que el narrador provee para tu deleite.

    Llegando a la tormentosa etapa que estoy ahora, escribir comenzó a transformarse en mi forma de expresar lo que mi alma necesita; es el proceso de expulsión de mis sentimientos, miedos, frustraciones y sobre todo lo que evoque algo en mí. Usualmente no defino mi estilo de escritura. El proceso que sigo no siempre es el mismo; muchas veces la historia esta totalmente creada en mi mente y solo la traspaso, mientras otras la historia se va desarrollando a medida que voy escribiendo en el momento.

    Pasando a lo que todo el mundo conoce, me gustaría explicar ciertas cosas que quizás les gustaría saber o quizás no.

    En Julio del año 2011 Stev Seward Harker creo su espacio “Tinieblas y Luz”. Muy bien, partamos por la pregunta que muchos aun me hacen ¿Por qué Stev Seward Harker y no …? Simple: ese es mi nombre artístico y se ve más bonito que con mi verdadero nombre. Las personas todas me llaman Stev y creo que no vale la pena querer saber el otro nombre y mucho menos mis apellidos (que no son nada del otro mundo). Continuando con eso, Tinieblas y Luz hablaba del contraste que existe en el mundo, la dualidad, el bien y el mal, etc.

    La mayoría de las historias que corresponden a esa época generan contrastes y son un tanto esperanzadoras. La inspiración para las historias más famosas de esa época provinieron de mis sueños, por ejemplo Las Tijeras y Teatro en el Infierno.  También, inconscientemente comencé a dejar mensajes ocultos y simbología en las historias que comenzaba a escribir. Ahí descubrí una verdad que siempre se aplica: nada lo que escribe el escritor en su historia es porque sí, todo es por algo. No existen las coincidencias. No hay excepción para esta regla.

    El contexto general para esta época también se dio por el largo paro que estuvo en mi Universidad. Seis meses en casa habían causado en un estado letárgico en mí y una de mis formas de poder expresarme comenzaron a ser mis artículos e historias que comencé a publicar. Mas tarde comencé a escribir mas historias, alejándome del terror que primeramente comencé a desarrollar culminando con una trilogía de cuentos llamada “Los deseos de Siete”.

    La intención de escribir tres cuentos que en apariencia ninguno se conecta con el otro (solo en apariencia) fue de expresar algo que estaba en mi corazón. Por razones obvia no explicaré más sobre eso, pero quiero ahondar en un detalle que puede parecer interesante. La segunda parte llamada “La historia de Lulupapa” contiene un mensaje mas allá del romántico que puede poseer a primera vista. Aún ese mensaje retumba en mi cabeza e incluso dentro de mi locura llegue a soñar con el personaje Lulupapa. No será extraño que aparezca en alguna nueva historia de nuevo.

    Acabando la trilogía de cuentos entre de nuevo a la Universidad. Esta vez comenzaría un semestre en dos meses, los que nos tendría vueltos locos a mis compañeros y a mí. La presión, la falta de tiempo, el ahogo y la necesidad de poder escribir dieron nacimiento al nuevo ciclo: “Mundo Sangrante”

    Esta vez, el tema consistiría en aquellas llagas que el sistema posee. En las tres historias que lleva Mundo Sangrante, la corrupción del hombre es uno de los ejes centrales que posee. La utilización de criaturas mágicas, demonios y un montón de símbolos corresponden a la necesidad y ahogo que sentía cuando escribía eso. Un claro ejemplo podría ser “Un réquiem para el sepulcro” donde muchos los que lo leyeron sentían la presión y el miedo que yo sentía aquellos días que escribí aquella historia.

    Terminando con esta columna de contexto de la producción, me queda decir gracias a todos los que leen mis historias y a los que comentan. Aprecio mucho que comenten y opinen sobre lo que hago, ya que toda crítica me ayuda a mejorar mis habilidades al momento de escribir. Quizás que yo mismo haga un background sobre mis cosas puede sonar egocéntrico, pero necesitaba hacerlo, aunque aún así hay cosas que no explique y tampoco las haré. Ahí radica la magia de los cuentos; cada  lector le puede dar la interpretación que quiera.


Eso es todo por hoy