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"Los deseos de Siete": III. El final puede ser otro comienzo



    El reloj comenzaba a dar las tres de la madrugada y aquel hombre no podía parar de escribir. Un tacho a su lado estaba rebalsado de papeles llenos de poemas inacabados e intentos de alguna poesía olvidada; su taza de café lo acompañaba mientras su gato dormía en una silla cercana ronroneando al compás de la lenta música que ambientaba la escena.

    El tenia que poder terminar aquel poema, sabía que podía, solo bastaba intentarlo un poco mas. Presentía que las palabras podrían fluir desde algún resquicio inhóspito de su alma, pero aun aquellas palabras que lo podían cambiar todo no llegaban. Recogió su cabello con almas manos y decidió tomar un pequeño descanso.

    Lanzándose con fuerza hacia su cama, noto que sonaba una fúnebre melodía. ¿Es Chopin? Se pregunto, mas el hecho de que aquella lúgubre melodía lo rodeara no lo molestaba en absoluto. En realidad, siempre le había gustado la música oscura, le llamaba la atención cuan profundo podían llegar a ser los sentimientos transmitidos a través de una lenta sonoridad que podía encender las mas grandes tristezas y miedos. Comenzó a guiarse por la melodía y, para su sorpresa, noto que la tarareaba inconscientemente. Los recuerdos se arremolinaban en él como una nube negra.

    ¿Cuándo caí en esto?  No sabía en absoluto. Habían veces en las que no se podía explicar las cosas que le sucedían. Podía recordar cuando pequeño, una sombra que aparecía en su habitación tarde en la noche. Siempre le había temido y lo peor comenzaba cuando aquella sombra lo obligaba a bailar con ella bajo el ritmo de alguna maléfica tonalidad. Muchas veces gritaba desesperado, hasta que su protectora abuela corría a abrazarlo para cuidarlo. La sombra de un momento a otro desapareció, más el recuerdo no.

    Ahora que lo pensaba bien, quizás parte de su fascinación por la música oscura podía partir de ahí. Era extraño, pero ¿Por qué no? Todas las personas somos solo un reflejo de lo que nos aconteció en el pasado, todo lo que percibimos influirá en nuestra forma de ser y configurara lo que somos. Siempre había pensado que esa primicia era muy verdadera y tenía en cuenta que parte de sus falencias partían exactamente de ahí.

    “Me gustaría volver en el tiempo y cambiar todo” pensó. Aunque meditándolo, cayó en cuenta que no podía cambiar lo que había pasado ni tampoco vivir en un supuesto. Más que nada, el lo que era, fue posible gracias a aquellos eventos. ¿Valdría la pena cambiarlos? ¿Mejoraría en algo mi situación actual poder evitar aquellas situaciones difíciles? Pues no, sinceramente no sería el mismo de ahora. Sería otro y quizás no la persona que yo quiero ser.

    Aún así, se dijo a si mismo, no puedo evitar recordarte. Se dio vuelta en la cama y sus lágrimas comenzaron a mojar la almohada. La imagen de la persona que más había amado en su vida aparecía en su mente. La luz envolvía aquella silueta espectral, aquel fantasma de un tiempo pasado en el cual, él había conocido cosas hermosas y tristes. Lloraba por eso y por la perdida de lo que jamás pudo tener. Odiaba ese fantasma que lo atormentaba aún, odiaba amarlo y por sobre todo, odiaba que apareciera.

    Una melodía de hermosos violines lo comenzó a sacar de su ensueño voluntario. El gato se levanto de la silla en donde dormía y mirándolo perezosamente se fue a recostar a su lado. Ese gato era su compañía desde hacía mucho tiempo. A veces era molestoso, pero le encantaba que estuviera con él. Acaricio la cabeza del felino, mientras este en ronroneos regaloneaba a su amo amasando su piel, clavándole las uñas.

     “Mi primer poema lo escribí a los catorce” remembraba con risa aquel episodio. Había escrito su primer poema, el cual hablaba de un amor imposible. Todos sus amigos habían leído aquellas estrofas y mirándolo sorprendidos lo felicitaban. Desde ese momento decidió que ese seria el camino para toda su vida. Los versos lo llenarían en todos los sentidos y las figuras retoricas del lenguaje podrían mostrarle al mundo todo lo que el sentía.

    Tenía que escribir y solo escribir. Saco al gato de su estomago y se paro a mirar por la ventana. El cielo resplandecía brillante ante la impune noche. Miro su cuaderno vacio y pensó que esto sería el fin de todo. No podía hacerlo, no podía escribir lo que era necesario para salvar su vida. El mismo era victima de su juego macabro, la propia trampa que el se había puesto. Ahora en este limbo el no podía salir.

    Sintió que le faltaba el aire y cayó al piso, donde la oscuridad lo rodeo. Sentía que agonizaba. Iba a morir, era lo mas cercano que el tenía y no podía hacer nada por evitarlo. Sus letras se habían vuelto en contra de él y no sabía como salvarse. Iba a entregarse por completo a esa oscuridad hasta que escucho algo raro.

    Abrió los ojos y vio un joven adolescente al frente de él. Vestía ropas veraniegas y a su lado una pequeña criatura vestida con trapos lo acompañaba. Miró a aquel extraño niño y se levanto. Se acerco hacia ellos, mas estos se alejaron de él. Los siguió por aquel lugar el cual no era su habitación. Era simplemente un lugar vacio en donde estaban aquellos dos personajes alejándose de él.

    Repentinamente una luz bajo del cielo y vio como una niña descendía de esa luz. La niña aplaudió y la luz lleno aquel lugar. Se encontraba en un edificio circular lleno de habitaciones y pilares extraños. La niña sonrió y corrió hacia el niño con la criatura en trapos. No entendía nada lo que sucedía. Estaba en algún tipo de mundo extraño, seguramente un sueño, más el no tenia la intención de despertar. Quería saber que sucedía ahí.

    Una extraña música comenzó a sonar. Miro a su alrededor y noto que un coro de fantasmas y una orquesta de ninfas tocaban dulces melodías. Una pareja bailaba al medio del lugar circular donde estaban. Era un hombre y una mujer, quienes danzaban al ritmo de aquellas melodías y sus caras reflejaban un amor que parecía verdaderamente de películas. Sintió un poco de envidia de aquella pareja, mas se quedo quieto observándolas. La música paro y todos los que estaban presentes miraron hacia atrás.

    En un gran trono una mujer los miraba. Ocupaba un gran vestido y un hermoso collar de perlas. En su cabeza una corona compuesta por planetas se movían sin resentimiento y su cara mostraba afecto. Todos los que estaban allí se inclinaron ante ella y apuntándolo le dijo con su mirada que avanzará. No podía sentir sus pies, pero se sentía casi flotando mientras llegaba hacia donde aquella extraña mujer.

    A casi 5 metros de llegar su trono, percibió que su escritorio estaba ahí. La mujer miro su rostro y capto su mensaje claramente. Era el momento de escribir lo que tanto anhelaba. Se sentó en su escritorio y vio como todos los personajes que habían ido apareciendo lo miraban fijamente. Tome su lápiz y antes de comenzar a escribir, miro por ultima vez.

    Desde el cielo pudo ver dos luces bajando. Mientras mas se acercaban al suelo sus formas se hacían más notorias. Eran dos niños, uno de cabellos negros y el otro rubio. Flotaban en el aire alegremente y con la delicadeza de una hoja descendieron. Lucían un tanto transparentes e incluso parecían inmateriales, en calidad a los otros que habían aparecido antes. El niño de pelo negro tomo al de pelo rubio por su rostro y lo beso. Le pareció muy extraño, eran muy niños para besarse, mas el niño rubio volteo su rostro a el y su dulce mirada lo invadió. Tomo su lápiz y sin importar si eso lo salvaría o no, procedió a escribir la última estrofa:

“…Y la mañana trajo un aliento dulce
Brillando el rocío bajo el sol,
Tomando en cuenta que todo lo he hecho
Solo para llegar a tu corazón”

Ilustración creada SOLO para esta historia, por la fabulosa  Arantxa ;)

FIN

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"Los deseos de Siete": II. La historia de Lulupapa


“No me gusta que llueva en mi cumpleaños” pensó Siete cuando miro por la ventana aquel día. Siempre tenía la mala suerte de que el día en que se conmemoraba su llegada al mundo, fuera solo de lluvia y tragedia. Se bajo de la cama y comenzó a buscar sus calcetines. Nunca le habían gustado los calcetines pares, así que tomo uno rojo y otro azul y sin pensarlo mucho se los coloco. Vistió su calzado y bajo a tomar desayuno.

Su madre lo esperaba con la misma cara de siempre, mientras le servía unas tostadas con una taza de chocolate con canela. Amaba tomar chocolate con canela, era el manjar más exquisito que alguna vez había probado. Las tostadas estaban justo al punto de lo crujiente, lo que le dio una gran satisfacción. Su madre le dio un beso en la frente y le deseo un feliz cumpleaños. Siete miro a su madre y casi pudo verse reflejado en sus ojos, esbozo una sonrisa y procedió a tomar su desayuno.

No odiaba a su madre, pero sí a veces no le parecían bien ciertas actitudes de ella. El sabia que su mamá jamás sería mala, pero si aseguraba que su madre no siempre velaría por su integridad. Se miro en el espejo que estaba en su recamara y noto la frialdad de su mirada. Sus ojos tenían aspecto de cansados, tristes y fatigados. Odiaba estar tan triste con solo diez años, pero eso era lo que tenía para él, nada más.

Se sentó cerca de la ventana y comenzó a observar el día. Cerca de su casa había un parque que le gustaba mucho. En ese preciso parque siempre se juntaba con su mejor amigo: Arian. Compartían muchas cosas juntos y no se imaginaba la vida sin él. Siempre en las tarde, iba a buscar a Arian para caminar, jugar, correr y rodar por el pasto en un espiral de sonrisas. Sentía que su vida valía la pena si Arian estaba con él.

Aunque Siete quería con todo su corazón a Arian, habían cosas que le decepcionaban a la vez. Sabia que Arian muchas veces salía con él casi por hacerle un favor y sobre todo, le dolía que el fuera tan frío en algunas situaciones puntuales. A pesar de todo, esa tarde vería a su amigo y el sería feliz.

A la tarde de ese día la lluvia paro y la reunión con Arian se concreto, como siempre, en el árbol de los dos. Siete iba emocionado, se preguntaba que regalo le traería Arian. Esperaba que esta vez no fuera solo una tarjeta, quería aunque sea un juguete tonto ya que el siempre a Arian le regalaba los juguetes que el quería en sus cumpleaños.

-¡Feliz Cumpleaños Siete!- dijo Arian cuando lo vio.

-Gracias- respondió esbozando una sonrisa tímida.

-Mira, te tengo esto…

Siete recibió en sus manos solo una tarjeta. La miro un tanto decepcionado y la guardo en su bolsillo. Le dio las gracias a su amigo por darle un regalo y camino con él por el parque.

-Ayer mi padre llego en la noche, escuche gritos en el comedor, pero no quise levantarme…- dijo Siete.

Arian lo miro con cara extrañada, pero no dijo nada. Siguieron caminando hasta llegar a unos columpios cercanos. Ambos amigos se sentaron en sus respectivos columpios y Siete prosiguió:

-A veces quisiera ser un pájaro y poder volar por los aires, irme muy lejos de mi casa.-

-Eres un loco Siete, son solo cosas, ya pasaran- dijo Arian.

El viento recorrió el lugar, invadiendo con un sentimiento de melancolía a Siete.

-Arian, ¿tu me quieres cierto?- pregunto este.

-Eres mi amigo Siete, por supuesto que te quiero- replico Arian.

-Nunca me dejes, por favor…- dijo mientras saltaba del columpio y abrazaba a Arian.

Arian abrazo a su amigo unos segundos y luego lo separo de él. A veces odiaba esas manifestaciones de amor o tristeza de Siete. Es mas, no le gustaba mucho salir o estar con él, pero tenía que cumplir, más que nada era su cumpleaños.

-¿Mañana nos veremos?- pregunto Siete.

-No sé, estaré ocupado- Respondió el niño.

-Quería verte…- reprocho el otro con un puchero.

Arian se levanto del columpio y miro a Siete. Ya esta aburrido de todo esto, lo sentía con toda su alma, pero era ahora o nunca…

-Siete, no quiero verte más-

Siete abrió los ojos y sintió que su garganta se apretó. Miro a Arian y juntando fuerzas pregunto:

-¿Por qué?

- No me gusta esto, no me siento bien siendo tu amigo. Tengo otro amigo con quien jugar y la paso mejor que contigo, lo siento Siete.

Arian miro a Siete por última vez y se alejo del lugar. Siete cayó de rodillas en el piso, mientras sus lágrimas recorrían su cara. ¿Por qué Arian lo dejaba? ¿Acaso no era un buen amigo? Tomo la tarjeta de Arian, la beso y se fue caminando hacia su casa dejando un rastrojo de lagrimas a su pasar.

***

Siete se sentía horrible. Había pasado los tres últimos meses encerrado en su habitación, de la cual salía solo para ir al colegio, comer e ir al baño. Algunas veces lloraba mirando por la ventana, mientras veía a otros niños jugar con sus amigos. El estaba tan solo. A nadie le gustaba juntarse con un niño tan extraño como él.
Esa noche decidió tomar un baño antes de acostarse. Le gustaba mirarse al espejo después de bañarse, creía que cada vez que uno se bañaba el cuerpo cambiaba un poco. Podía notar sus largos cabellos oscuros caer mas abajo de su cuello, sus ojos claros y su piel tan blanca como la leche. No todos los niños eran como él y le gustaba en cierta parte eso; ser distinto a los demás, no ser igual al común que veía todos los días. Sabía, ciertamente, que eso había conllevado de todas maneras a que estuviera tan solo.

A la mañana del otro día un día de sol despertó a Siete. Le había costado dormir aquella noche, había escuchado gritos en la noche. Como todos los días, se puso sus calcetines dispares y bajo a tomar desayuno. Su padre estaba sentado en la mesa junto a su madre. Sus rostros no eran de lo mejor, así que decidió tomar desayuno rápido y salir. No quería ver ni escuchar nada.

Decidió ir a los columpios donde siempre jugaba con Arian. Se sentó ahí y comenzó a darse vuelo. “Algún día, seré libre como el viento que toca mi cara cuando me balanceo” pensó Siete, sin darse cuenta que un niño que no conocía tomaba el columpio que estaba a su lado.

Paro de columpiarse y mirando al otro niño extrañado, este le dijo:

-¡Hola! ¿Cómo te llamas?

-Me llamo Siete ¿y tú?- respondió.

-Me llamo Lulupapa, un gusto…- dijo el niño sonriendo.

-Tu nombre es gracioso – dijo sonriendo por lo bajo.

-Ahh el tuyo también lo es…- dijo Lulupapa riendo.

Se columpiaron toda esa tarde juntos. Mientras se balanceaban iban conversando y en ciertos momentos Siete miraba de reojo a Lulupapa. El era muy contrario a Siete, Lulupapa tenía el cabello corto, rubio y ojos cobrizos. Ambos niños estuvieron jugando toda esa tarde.

Aquella noche Siete se sintió muy feliz. Había encontrado un nuevo amigo y se sentía feliz. Lulupapa era muy extraño y por eso mismo sentía que eran muy parecidos el uno a el otro. Los días pasaron y ambos niños sin previo aviso o acuerdo se reunían en aquellos columpios. Jugaban todas las tardes y un día descubrieron que cada uno sabía lo que soñaba el otro. Muchas veces Siete sentía que Lulupapa llegaba a buscarlo mientras dormía, para ir a flotar por el mundo exterior.

Un día ambos cansados de jugar, decidieron recostarse en el pasto a mirar las nubes pasar.

-¿Aún los escuchas en las noches?-  pregunto Lulupapa.

-Sí, pero no tanto últimamente- contesto el niño.

-Siempre puedes contar conmigo Siete, yo te quiero mucho- dijo Lulupapa sonriendo.

Siete cerró los ojos y por un momento creyó sentir los labios de Lulupapa rozando los suyos. Al abrir los ojos noto que Lulupapa solo miraba el cielo mientras sonreía. Nunca había notado que Lulupapa lucía hermoso a luz del sol. Cruzo las manos en su pecho y miro al cielo; jamás se había sentido tan cómodo con otra persona en toda su vida.

Ilustración hecha SOLO para esta historia por la Fabulosa Arantxa ;)


Termina en "El final puede ser otro comienzo"

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Cosas del corazón y otras hierbas


    Es clásico que el mes de Septiembre es una fecha de celebración. Todo parece condicionar la celebración del 18, incluso hasta el clima, lo que en cierto modo va de la mano para la conmemoración del momento  en el que se forma la primera Junta Nacional de Gobierno como el primer paso a la independencia y no el DÍA DE LA INDEPENDENCIA (12 de Febrero de 1818 ;) como algunos ilusos creen.  Terminando con el improvisado dato histórico ofrecido, paso a retomar que independiente de lo carnavalesco de la época, no para todos lo es o simplemente no todos los años uno la puede pasar tan bien.

    En lo que respecta a mi caso este año la pase muy bien, aunque ahora lamente las consecuencias estando postrado en mi cama, con dolor de estomago, de garganta y a punto de expirar  *Alerta de Drama aquí*.

    Pensando en mi situación, he notado que últimamente he estado solo. No en el sentido de solo de compañía ya que tengo a mi alrededor a mis amigos, familias y demases, sino que solo en el sentido amoroso que hace algún tiempo atrás explique en el hermoso artículo “Pasajes Hacia la Soledad” ;P

    Este año he conocido a muchas personas, unas buenas y otras malas. Algunas lamento haberlas perdido y a otras agradezco no verlas mas. Aún así creo que me he vuelto mas banal que de lo que yo era antes. Hasta el momento nadie ha llegado a (por decirlo de manera coloquial) a moverme el piso, lo que me ha traído dos preguntas:


“¿Habrá llegado el momento en el que simplemente me enfrié, nadie podrá conquistarme y simplemente quedaré solo?

O quizás

“¿Todavía tengo que esperar a la persona correcta?

    Aunque las dos preguntas lleguen a sonar burdas, me tomo mucho tiempo pensarlas; hice muchos ejercicios para esclarecer mis dudas, entre ellos: fumar marihuana, beber alcohol, pegarle a mi hermana, tirarle la cola al gato e incluso besar a una mujer. Ninguna de las opciones me permitió dejar algo mas diáfanas mis dudas por lo que decidí que era mejor encerrarme en mi cuarto y pensar sobre esto.

    Llegué simplemente a la conclusión que las dos preguntas eran precisas para mi estado ya que en mi hacen algo de sentido. Es cierto, hay que esperar a la persona correcta, pero ¿Cómo saber cuál es la correcta? ¿Acaso tengo que sentarme afuera de mi casa, esperar a que pase y lanzarme? No, por supuesto que no. Hay que conocer gente, salir, conversar, pero acá viene la otra problemática: ¿ Dónde encontrar a alguien de verdad en este mundo dominado por los estereotipos? ¿Cómo llamo la atención de alguien que esta idiotizado por el nuevo producto del mercado llamado “cuerpo”?.

    Es estúpido que lo anterior se puede aplicar a todos los casos, pero mi experiencia (que no es poca) me dice que sí se puede aplicar a la mayoría.


    Quizás por eso estoy solo, ya que al fin y al cabo yo no cumplo con los canones expuestos arriba. Busco algo especial, de otro mundo…

    Para ir terminando creo que esto es lo que me pasa actualmente, aunque no digo que no puede cambiar, ya que la vida tiene muchas sorpresas y quizás mi pensamiento este influenciado gracias a la tristeza que me provoca estar enfermo o quizás a las millones de cosas que influencian mis estados de ánimo este mes de la empanada, la brocheta y el vino.



   Eso es todo por hoy, creo…



P.D. Pido disculpas a los que siempre me leen, ya que me ausente por dos semanas, prometo que  no se repetirá. La historia que prometí estará publicada esta semana sí o sí y para finalizar, si no pueden ir al baño tomen Activia ;)