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1

El Extraño Caso del Niño de las Flores

     Nunca se había sentido tan miserable en su vida. Atado de pies y manos. Sin esperanza de poder ver una luz en el horizonte. El lucero en el camino. La voz amable que te guía por el laberinto cuando todo parece estar perdido. Había quedado solo y abandonado. Todos los que alguna vez lo habían amado desaparecieron, como si su existencia valiera menos que la mugre que manchaba sus zapatos.

     Apenas podía escuchar los pájaros en la mañana. Contemplar la salida del sol y el atardecer en un parque. ¿Por qué la gente ya no valora aquellas cosas? ¿Acaso todo rastro de cordura había sido erradicado del planeta? Tenía el presentimiento que el final estaba cerca. El olor a muerte se hacía espantoso a medida que los días pasaban. Quizás había llegado su fin; el final de esta vida que alguna vez aprecio tanto.
Sin mas acompañante que su propia sombra emprendió su última salida.

     “Las calles de noches son interesantes” pensó mientras caminaba. La ausencia de personas daba un escenario perfectamente desolador. Las lámparas arrojaban su luz de color naranjo sobre las calles indolentes; la lluvia del día anterior hacía que el pavimento brillara, junto al musgo que había brotado tímidamente en los rincones de las panderetas. Los edificios proyectaban una oscuridad penetrante: era como que si algo quisiera esconderse de los faroles nocturnos. Es demasiado extraño que los humanos escojan la noche para descansar. ¿Será que en la oscuridad es donde uno de verdad encuentra descanso?

     A los pocos metros de su paseo nocturno encontró una banca. Decidió sentarse a contemplar las pocas estrellas. ¡Cómo odiaba el cielo de la ciudad! Nunca se podían ver las estrellas. En la infinitud de la vía láctea una estrella era de el. Se le habían regalado hacía mucho tiempo. Siempre que el se sintiera solo, esa estrella lo alumbraría a él. Sonaba ridículo, por supuesto que sí, pero algo en su interior lo hacía reconocer su estrella. Era grande y brillante: como un lucero. Era la estrella mas brillante de todas y el la amaba. La amaba porque era un presente; el presente de una persona que amó con todo su corazón.

     Una música resonaba en sus oídos. ¿Era música gitana? Al parecer sí. Era un extraño ritmo extraído de algún lugar que el no conocía. Había olvidado esa canción y ahora la recordaba. ¡Que belleza era poder recordarla! ¡Qué hermosa melodía! Aunque no podía comprender lo que la cantante decía, sabía en su corazón que la canción hablaba de un amor perdido. Aquel amor que dura solo unos momentos y se va. El que te abandona, sabiendo que el que más sufre es el que queda. Y ahí estaba él, sentado en una banca a la mitad de la noche cubierto en frío.     

     Bajo su cabeza involuntariamente y vio su sombra. La luz más cercana comenzó a parpadear apagándose por completo. Su sombra se había ido con la luz.

-Incluso tú me abandonas… -

     Miro hacía la calle. Todas las luces se comenzaron a apagar. La oscuridad lo rodeo por completo haciendo que la luz de la luna fuera su única guía.

     De improviso comenzó a oír un sollozo. Era de un niño seguramente. La curiosidad lo invadió rápidamente y saltando bruscamente de su banca lo comenzó a buscar. La oscuridad no lo dejaba ver bien el lugar. Sin embargo, a los pocos segundos encontró la fuente de los sollozos: un niño pequeño lloraba cerca de un farol cercano. Era pequeño, seguramente tendría unos cinco años, cabellos morenos y ojos claros como la miel. 

-¿Qué pasa pequeño? – preguntó.

-Tengo miedo. Mi mamá aún no llega – respondió.

     Se sintió completamente extrañado. Aquel niño estaba ahí solo en medio de la noche buscando a su madre.

-¿Tu madre te dejo acá? Puedo ayudarte a buscarla – le sugirió.

-Siempre me deja acá, pero hoy se ha demorado mucho – contestó.

-¿Y por qué no te dejo en casa? – pregunto horrorizado frente a lo que el niño decía.

     El niño no contesto a la pregunta que el le hizo. Decidió no insistir mas y decidió llevar al niño con el a la banca mas cercana. Se quito el abrigo que tenía puesto y lo coloco encima de este. Extrañamente no sentía tanto frío como hacía un rato atrás.

-¿Estás mejor así? Nos quedaremos acá hasta que llegue tu mamá –

-Gracias, señor. ¿Qué hace usted acá? – pregunto un tanto curioso.

-Nada. Tan solo vine a mirar la noche. Pronto me moriré – dijo en un ataque de sinceridad que lo sorprendió.

     El niño abrió sus ojos grandes, los cuales relucieron a la luz de la luna. Una sonrisa ilumino su rostro y dijo emocionado:

-¡Que lindo! –

     El hombre quedó un tanto extrañado. ¿Cómo era posible que un niño se alegrara con la idea de su muerte?

-¿Por qué crees que es lindo? Morir no es algo lindo. Es muy triste morir así… - dijo un tanto cabizbajo.

-Mi mamá me dijo que las personas cuando se mueren se van al cielo. Mi abuelita está allá junto con mi papá y si te mueres los vas a ver. Me gustaría verlos de nuevo. Los extraño mucho y mi mamá dice que cuando yo me muera los podré ver de nuevo – dijo el niño un tanto triste.

     Algo extraño rodeaba la figura de ese niño. Le intrigaba saber el porqué de ese niño ahí en el medio de la noche. Abandonado tal como él. En cierta medida sentía que le era familiar, pero no sabía en qué…

-¿Tu papá murió?

-Sí. Murió hace un año atrás y desde entonces mi mamá me tiene que dejar solo para conseguir dinero. Mi mamá no es buena – dijo el niño.

-¿No? – pregunto extrañado.

-Me pega a veces cuando no consigue dinero. Me dice que es mi culpa que mi papá ya no está y me da pena – dijo con lágrimas.

     Sentía mucha pena por aquel niño. Su vida era corta y ya tenía mucho dolor en su corazón. Lo sentía con tan solo escuchar su armoniosa, pero triste voz. Sin embargo, sabía que sus fuerzas no lo acompañarían mucho. El se iba a morir y ese niño quedaría ahí tal como el mismo: solo.

-Desearía poder ayudarte, pero moriré y no puedo hacer nada por ti. Nada – dijo abrazándolo fuerte. 
Sentía que la vida se le iba tomando en sus brazos a aquella criatura tan frágil – si tan solo pudiera hacer algo por ti… -

     El niño lo miro y sonrió. La tristeza que estaba en el había cambiado. Un tinte de alegría invadía su rostro.

-Yo sé una forma en la cual tú puedes cuidarme para siempre – dijo el niño.

-¿Si? – pregunto él.

-Llévame a jugar y te contaré –respondió el niño.

     Tomo al niño de la mano y sin pensarlo lo llevo a la plaza más cercana. La luz de las farolas aun no llegaba, pero parecía que esto no afectaba la visión del infante. La luz lunar parecía guiarlo perfectamente en sus juegos infantiles.

     Los columpios subían y bajaban mientras ambos corrían por aquel parque; la resbaladilla se sentía fría al momento de lanzarse a través de ella, mientras intentaban al final de su viaje trepar uno de los arboles mas cercanos. Si una persona hubiera visto aquella escena se hubiera impresionado al ver como un adulto y un niño jugaban como iguales a la mitad de aquella fría noche.

     Exhausto de jugar, el niño le pidió que se sentara en el pasto mientras el iba en busca de algo. Tomando asiento, aunque no se sentía para nada agotado, se dedico a observar como el niño recogía unas flores de un jardín cercano. Era extraño como había terminado el último día de su vida jugando con aquel niño. Su estrella brillaba más que nunca.

-¡Mira! ¿Puedes ver aquella estrella? – le dijo al niño.

-¡Sí! La puedo ver – contesto el niño sonriendo mientras se acercaba con las flores.

-Ahora es nuestra. Esa estrella será siempre de nosotros – dijo el hombre.

-¿Uno puede ser dueño de las estrellas? – pregunto el niño asombrado.

-Las estrellas son dueñas de nosotros y nosotros de ellas. El amor que existe entre nosotros hace que seamos uno solo – respondió el hombre.

     El niño sonrió abiertamente y le pidió que lo acompañara. Llevaba su ramillete de flores bien sujeto en sus manos. Caminaron por las oscuras calles sin parar. El niño parecía saber muy bien donde irían.

-Mira – dijo el niño.

     El puente más grande de la ciudad estaba frente ellos. Un rio gigante serpenteaba bajo sus pies mientras el sonido de este retumbaba en sus oídos.

-¿Por qué me trajiste acá? – pregunto el hombre.

-Porque ya sé como estaremos juntos para siempre. Tú, yo, mi papá y mi abuelita. – dijo el niño sonriendo.

     El hombre abrió los ojos, un poco presintiendo lo que el niño diría…

-Lancémonos al río. Nos iremos al cielo juntos y ahí nadie nos separará – dijo el niño con una sonrisa sincera.

     El sonido del rio zumbaba en sus oídos. El hombre miro al niño y sintió que sus fuerzas cada vez eran menores. Moriría muy luego. Tenía mucho cansancio. No quería que ese niño sufriera, pero tampoco que muriera tan luego. Sin embargo, lo amaba tanto como a la estrella que ahora ambos compartían.

     El niño se acerco a el y lo abrazo. El olor de las flores alcanzó su nariz mientras el viento los acariciaba suavemente. Sabiendo que lo que venía era lo mejor para ambos, tomo al pequeño en sus brazos y juntos subieron la baranda del puente. Un resplandor color miel topo sus ojos y abriéndose paso a la muerte ambos saltaron al agua que abría sus fauces para recibirlos con gusto.

     Las flores se esparcieron por todo el lugar como llorando por la muerte que llega y se lo lleva todo.

     Sin embargo, lo que nunca pudieron entender los periódicos al otro día, fue la razón que había llevado a aquel niño tirarse por aquel puente con el abrigo del hombre que estaba muerto en la banca cercana al farol.





6

Sacrificio de Sangre


     La tormenta se desarrollaba feroz en el exterior. Nunca se había visto una temporada de tan mal tiempo en aquella ciudad y por ende, las personas no estaban preparadas para los catastróficos resultados de aquella. Inundaciones por doquier, montañas derrumbadas, personas buscando refugio y casas sumergidas en el agua eran el escenario de lo caótico de aquellos días. La pobreza en la que vivían las personas de los sectores que rondaban la antigua casa Kenneth, hacían un patético contraste con lo lujoso de aquella antigua casona.

    Christina, la única hija del matrimonio, dormía en una de las habitaciones sumida en horribles pesadillas. El matrimonio Kenneth era uno de los más ricos de la región. De hecho, el señor Kenneth, déspota y miserable, era dueño de una de las industrias que daba la mayoría de los trabajos en aquella ciudad. El negocio del salitre daba frutos crecientes en aquella época dorada y él, junto a otros extranjeros más, avalados por los vacíos legales aprovechaban de sacar el máximo provecho posible, mientras sus trabajadores eran explotados en las condiciones más miserables de la vida humana. Por otro lado, la señora Kenneth, mujer fría y sorda acerca de los sórdidos negocios de su marido, intentaba mantener las apariencias frente a la aristocracia imperante en aquellos días. Había previsto el matrimonio de su hija muy pronto y ansiosa esperaba ver el día en que su familia se uniría a otra de las mas importantes del lugar.

    Cada noche las pesadillas de Christina se hacían peores. Todo comenzó una noche cuando presa de alucinaciones producidas por la fiebre, se levanto de su cama y acercándose a la ventana pudo presenciar una escena que la dejo helada. Una mujer volaba por los aires dejando un rastro de oscuridad detrás. No pudiendo creer lo que veían sus ojos, los restregó muy fuerte y pudo comprobar que la escena era verdad. Creyendo que se había vuelto completamente loca se desmayo.

-Hija, despierta hija- dijo la señora Kenneth

    Christina abrió los ojos y pudo ver a su madre frente a ella con un rostro pasmado.

-Madre, lo siento, pero fue horrible. Miré por la ventana y vi… ¡Una mujer volando, mamá!- dijo asustándose con el solo hecho de nombrar esa escena.

    Su madre frunció el ceño y la abofeteo fuertemente.

-¿¡Una mujer volando!? ¡Qué disparates! ¡Escúchame bien Christina, yo no quiero que la gente diga que tengo una hija loca, ni mucho menos que esto llegué a oídos de la familia Tronwell! ¿Está claro? – dijo duramente.

-Sí, madre.

    A su madre no le gustaban las cosas paranormales e incluso el solo hecho de nombrar cosas acerca de brujas o cosas así, encendían sus ánimos de una manera poco sana. Ella, como buena hija que tenía que ser, le seguía el juego. No quería casarse con el hijo de los Tronwell. Era diez años mayor y ella todavía no ansiaba atarse a alguien. Quería experimentar muchas cosas en el mundo, pero tenía que cumplir con su rol. Era una Kenneth y tendría que mantener su estatus, aunque esto hiciera que ella sacrificará su libertad.

    A pesar de todo, desde aquel incidente Christina seguía siendo victima de pesadillas diariamente. Sentía como aquella extraña mujer entraba a su cuarto de noche y se acercaba peligrosamente hacia su cuello. No quería pensar nada malo sobre aquellos sueños, pero sinceramente, cada vez que despertaba un amargo sabor quedaba en su boca.

    Cierto día, mientras almorzaban en el lujoso salón de su hogar su madre le hablo:

-Hija, hoy llegará tu prima desde Swadish a pasar sus vacaciones con nosotros. Esta ansiosa por conocernos y explorar los alrededores. ¿Serías tan amable de llevarla a conocer los terrenos? – pregunto gentilmente.

-Sí, estaré encantada. No sabía que tenía una prima en Swadish – dijo extrañada

-¡Ni yo misma! Si no hubiera recibido la carta de mi hermana ayer, no me lo hubiera imaginado- finalizo con una risa.

-Papá no ha llegado. ¿Cuándo volverá?- pregunto Christina.

    Su madre se puso tensa con la pregunta y respondió seria y fría.

-El ha estado ocupado. Los trabajadores del salitre no están contentos con sus sueldos y están amenazando con huelgas. Mal agradecidos, Edward se esfuerza por ellos y de esta manera le pagan. Debería hacerlos trabajar el doble por tal insolencia. – termino respingando la nariz.

-Pero madre, ellos de verdad viven en condiciones indignas, papá debería ayudar a sus empleados. Esos sueldos no alcanzan ni siquiera por los comestibles de un mes.- dijo Christina.

-¡Cállate! – dijo alterada – No quiero oírte hablar sobre esto. ¿Me entiendes? Son asuntos de tu padre y no puedes interferir.

Christina se mordió la lengua para no hablar más. Una empleada se acerco a ellos y dijo:

-Señora Kenneth, su sobrina ha llegado.

-¡Magnífico! Vamos a recibirla al salón – dijo sonriente.

    Christina y su madre caminaron hasta el gran salón donde los esperaba su prima. Era alta, de pelo largo y ondulado. Su cabello era de un color negro intenso, el cual hacía un hermoso contraste con sus ojos verdes. 
Algo en su mirada le sugería que la había visto antes. Su mamá se acerco a ella y dijo en voz alta:

-Christina, te presento a tu prima Octavia. Espero que se lleven muy bien.

***

    Un mes paso desde la llegada de Octavia y Christina no podía recordar mejores momentos que los que pasaba con su prima. Cada tarde después del almuerzo y las clases de canto y piano, salían a pasear juntas por el gigantesco parque que la familia tenía como patio trasero. Mas tarde ambas bordarían hermosos pañuelos que la otra debería ocupar o se irían al salón, donde Christina tocaría la última pieza de piano que había aprendido a la vez que Octavia cantaba con su dulce registro. Christina amaba la compañía de su prima y deseaba que nunca se terminara su visita.

    A pesar de toda la diversión que ambas obtenían cada tarde, las pesadillas de Christina comenzaron a empeorar y gradualmente comenzó a enfermar. Hubieron días en que incluso no podía levantarse de su cama, debido a que no encontraba las fuerzas para hacerlo. Octavia generalmente se quedaba ese día completo con ella y al día siguiente se sentía mucho mejor. Su madre no se explicaba esas repentinas recaídas y tampoco le interesaba mucho mientras ella se pudiera sanar. Dentro de dos semanas el matrimonio con el hijo de los Tronwell se realizaría y solo eso importaba por el momento.

    Mientras paseaban un día por el parque, Christina le dijo a Octavia:

-No quiero casarme.

-¿Por qué? – pregunto la otra.

-No quiero ser la esposa de ese hombre. No es malo, pero no es lo que yo quiero para mi vida. Octavia, quiero ser libre y disfrutar de las cosas sencillas de esta vida. Caminar por el parque, el bosque, ver los animales. Hay tantas cosas hermosas por hacer y no quiero a alguien que me obligue a esclavizarme a un vida que no quiero- terminó triste.

    Octavia la tomo de las manos y le dijo sonriendo:

-Pero no siempre tienes que hacer lo que te dicen.

-No tengo opción Octavia. Mamá me matará si no lo hago. Sea como sea, es mi madre y le debo el respeto que merece. Tengo que hacerlo. Es mi obligación- al decir esto sus ojos se llenaron de lágrimas.

    Octavia abrazo a Christina. Estaban en un lugar alejado del parque. Solo arboles las rodeaban, junto a un lugar donde un tibio pasto se ofrecía para ser recostado.  

-Todo estará bien, te lo prometo- dijo Octavia.

    Christina miro a los ojos de Octavia. Se vio reflejada en aquellos ojos verdes. Vio como su cabellera rubia y lisa bajaba por sus hombros. No se dio cuenta cuando incluso podía ver de muy cerca los ojos de su prima. Octavia abrazo mas fuerte a Christina mientras esta acercaba los labios a ella. Jamás había besado a alguien y se sentía muy bien. Sobre todo si era con ella. La mujer que más la había hecho feliz.

    Ambas niñas cayeron al pasto de rodillas mientras mantenían aquel beso. Christina comenzó a recorrer el cuerpo de Octavia, mientras esta le acariciaba el cabello. Sus manos inquietas llegaron hasta su espalda donde quiso quitar la cuerda del corsé de Octavia.

-No, por favor Christina- dijo Octavia temblorosa.

-¿Por qué? Tú también lo quieres – dijo Christina.

-No esta bien, perdóname Christina – dijo mientras salía huyendo.

    Christina observo triste como Octavia corría hacía la mansión. Una lágrima recorrió su mejilla mientras se levantaba para ir en su búsqueda. No había duda. Sabía lo que sentía por Octavia, aunque eso fuera prohibido por el lado que se le miraba. Era una mujer y también su prima, aunque no podía evitar sentir lo que sentía por aquella niña que corría asustada…

***

    Faltaban aproximadamente tres días para el matrimonio y Octavia estaba mas enferma que nunca. Por alguna extraña razón, las fuerzas no llegaban a ella, lo que no le permitía ni levantarse. Ni siquiera las visitas de Octavia parecían animarla. Su madre estaba completamente histérica y cierto día donde los nervios le ganaron al sentido común, le grito mientras se probaba el vestido de novia.

-DE DONDE SEA SACARAS FUERZAS PARA EL MATRIMONIO. NO QUIERO EXCUSAS PARA NADA.

    Un portazo anuncio que esto se tendría que cumplir a cabalidad. Octavia, quien se encontraba cerca, abrazo a Christina y le pregunto:

-¿Hay algo que pueda hacer?

    Christina miró a Octavia. Hacía días que no le hablaba ni la trataba de esa manera. Sentía unas enormes ganas de llorar. Deseaba con toda su alma acabar con todo, pero sabía que era imposible romper la mano al destino que habían escrito para ella. Ese era su último momento.

-Déjame pasar mis últimos momentos contigo. Tú eres la mujer que me ha hecho más feliz en la vida…

    Christina acercó sus labios a Octavia y estos no la rechazaron. El ambiente se volvía tenso mientras las dos niñas jugaban con sus lenguas. Mucho mas allá de dónde ellas estaban un evento de magnitudes gigantes se comenzaba a generar. Christina ansiosa por explorar a Octavia y en cierto sentido a ella misma, la desvistió y comenzó a descubrir las bondades de la carne, mientras Octavia tan solo se dejaba querer por Christina.

    Ensimismadas en las artes del amor que se descubre recientemente, un bramido rugía en las afueras de la ciudad. Aquel lugar que había sido llamado el paraíso de la economía parecía sucumbir ante lo inminente. Todo se desmoronaría y el débil se alzaría contra el tirano. Siempre está presente el miedo en quienes ostentan el poder. Quien maneja el miedo es poderoso y ciertamente, puede llegar a controlarlo todo. Pero, el miedo también puede ser combatido y este puede devolverse. Edward y sus secuaces gritaban mientras la voz de los oprimidos se imponía ante ellos.

    Octavia dejo a Christina durmiendo en su habitación. La luna llegaría a su punto máximo esa misma noche y debía apresurarse lo máximo que pudiera. Cerró la puerta con cuidado y escondiéndose de los criados y de su misma tía, fue a buscar el escondite donde Lemuria la esperaba.

***


    Christina flotaba en el tiempo. Las sustancias no tenían forma y ella misma podía sentir lo efímero del espacio en relación a los conceptos de lo que está mas allá de lo superfluo. Podía volar y se sentía libre de toda atadura. Recordaba a Octavia claramente y quería encontrarla en aquel lugar en el que estaba. “¿Dónde podrá estar? “se pregunto, cuando extrañamente dos voces se oían a los lejos. Curiosa por aquél hecho comenzó a acercarse a un misterioso lugar. Parecía un sótano, el cual estaba lleno de velas y toda clase de hierbas, mientras un caldero hervía a fuego lento. Dos mujeres hablaban fuertemente. Una estaba sentada y no pudo reconocer quién era, pero a la otra si la reconoció. Era Octavia.

-Hoy día tienes que efectuar el ritual. Si resulta todo bien, la vida se atará a tu cuerpo y podremos volver a la esfera terrestre.- dijo la mujer que estaba en el suelo.

-¿Qué ocurrirá con Christina? – pregunto Octavia.

-Morirá- respondió la otra.

    Christina se sintió pasmada. No podía creer lo que escuchaba. ¿Octavia iba a matarla?

-¿No puedes hacer algo para salvarla, bruja? – pregunto.

-¿Por qué quieres salvarla? Le has tomado cariño por lo que veo. Estás verdaderamente podrida Octavia. 

    Te has estado alimentando de su sangre todo este tiempo y ahora temes por su vida. Es una lástima, pero si no haces el ritual tú desaparecerás y es muy difícil que tu espíritu sobreviva otra vez.

-¡Cállate! Sé todo eso y créeme que me duele. No quiero que Christina muera. Ella no se lo merece, todo esto es mi culpa…

- Veo que has ganado algo de conciencia a la poca humanidad que te queda. Estás aprendiendo. Después  de todo, no eres tan distinta a ese raro que asesinaste hace unos meses…

    Octavia permaneció en silencio y no respondió.

-Es hora que vayamos. Hay algo raro en el ambiente y es mejor evitar contratiempos. Ese cuerpo que posees se descompondrá si no nos apresuramos.

    Ambas mujeres tomaron sus vestidos y procurando que no hubiera nadie, salieron por un hueco que había en la pared hacía el exterior. Aquel lugar era el viejo sótano de la casa de los Kenneth, donde mucho tiempo atrás Christina solía jugar antes que su madre decidiera que era peligroso para ella y mandara a taparlo.

    Christina sentía unas enormes ganas de llorar. Octavia era muy distinta a como ella la había conocido. No imaginaba que ella pudiera cometer esos actos tan horribles, pero a la vez no podía negar todo lo que sentía por ella. Así mismo  siguió flotando por lo que noto era la ciudad y cegada por un destello descubrió algo que le llamo de inmediato la atención. Un montón de personas se reunían en la calle con antorchas. Era casi todo el pueblo y pudo escuchar claramente lo que tenían pensado hacer.

    Sacando fuerzas de flaqueza y decidida a lo que se vendría tomó una determinación. Mirando hacia el cielo y sonriendo felizmente, se lanzo en picada contra su casa donde terminaría lo que Octavia había comenzado.

***

    Octavia llego a la habitación de Christina, dónde esta dormía profundamente. Acercándose lentamente a la cama de Christina, se sentó y comenzó a acariciar su cabello. Lucía hermosa durmiendo y más aún si era a la luz de la luna. Lágrimas corrían por su rostro, le dolía hacer esto y mucho. ¿Esto era lo que los humanos llamaban amor? Vio su existencia completa ante ella y se sintió más miserable que antes. Ella era la culpable de todo, ella había cometido tales errores en el pasado, ella había decidido irse por un camino que no era correcto y aún así la vida le permitía compartir con personas como ella, como Christina…

    Se levanto y camino hacía el centro de la habitación. Esta era grande y espaciosa, lo que le daba el espacio suficiente para empezar el ritual. Sacando de uno de los bolsillos ocultos de su vestido un puñado de azufre, se dispuso a dibujar un círculo y varios símbolos antiguos. Habiendo terminado tal acción, se dirigía a encender unas velas cuando una voz la interrumpió:

-Sé lo que vas a hacer.

    Octavia se volteó y horrorizada contempló como Christina se levantaba de su cama y se quedaba observando el círculo.  Esta tiritaba y parecía que se iba a desmayar en cualquier momento.

-Christina, vuelve a la cama. No estás bien – dijo Octavia

-Estoy perfectamente bien Octavia y sé que quieres asesinarme para volver a tu mundo de nuevo – dijo Christina a la vez que las lágrimas corrían por su rostro.

-Yo… eh… yo no quiero hacerlo. No puedo Christina – dijo mientras caía de rodillas.

    Octavia se sentía más miserable que nunca. No le interesaba nada mas, tan solo dejaría que ese cuerpo en el que ahora estaba se pudriera para así no lastimar a Christina. Pudo sentir dos brazos recorriendo su cuerpo y de improviso la boca de Christina surcaba la suya. Cristina la miró fijamente y dijo:

-Quiero que me expliques todo.

    Octavia la miró fijamente y comenzó:

    “Vengo de otro mundo muy distinto al tuyo. Por ciertos eventos de mi vida, terminé metiéndome en terrenos que no debía. Me entregué al demonio y a todo su séquito para tener en mi vida lo que tenía y al final terminé sin mi cuerpo. Quedé solo como un alma que vaga en la tierra, hasta que recordando las artes malignas que había practicado en vida, pude conseguir un cuerpo a través de un ritual de vampirismo.

    Engañe a un hombre solitario que lamentaba la muerte de su viejo amante. Su dolor y su sacrificio para poder traerlo a la vida me dieron un cuerpo mortal pero a la vez efímero. Este cuerpo que ahora vez es muy inestable, si no se mantiene constantemente termina pudriéndose y por ende, inservible. Ahora, al haber ocupado un ritual de vampirismo, quedé atada a este para poder sobrevivir y todo este tiempo me he alimentado de ti en las noches.

    ¿Recuerdas la noche que viste a la mujer volar? Esa era yo cuando habiendo conseguido un cuerpo, escape del mundo terrestre para buscar a Lemuria, la bruja que habita en tu mundo. Debía escapar de la esfera terrestre ya que el demonio no dudaría en buscarme si sabía que había vuelto a la vida de nuevo. Estando ya acá, Lemuria me dio la clave del ritual para poder tener vida de nuevo. Así fue como embrujamos a la hermana de tu madre y me hicieron pasar a mi como su sobrina. Necesitaba que tú fueras la elegida ya que me habías visto anteriormente y por sobre todo, necesitábamos una mujer que no hubiera sido tocada por hombre alguno. De esta manera llegué acá y lo demás supongo que lo sabes.”

    Christina miró a Octavia y pregunto:

-¿Cuál es el ritual?

    Octavia rompió en llanto y continuó:

-El ritual consistía en hacer un sacrificio humano de amor. Yo debía poder enamorarte para que tu alma sintonizara con la mía. De esa manera, con el poder de tu amor yo volvería. Aún así, al final terminé amándote también y no quiero asesinarte. Tú no tienes que sacrificarte por mí. Esta misma noche me iré lejos. -  terminó Octavia

   Christina se levanto y acercándose al círculo que había dibujado Octavia anteriormente le dijo:

-Haz el ritual.

-¿Qué estás diciendo? – dijo Octavia sorprendida

-Sé que necesitas tu cuerpo. No me queda mucho tiempo en este mundo, ¿puedes escuchar el ruido que hay afuera? – dijo señalando la ventana.

    Un rugido estruendoso rompió con el ambiente que se había creado entre ellas dos. Sonidos de pasos eran notorios y Octavia acercándose a la ventana pudo ver lo que era. Todo el pueblo del lugar se aglomeraba con antorchas fuera de la casa Kenneth. A segundo de haber visto esa imagen la puerta se abrió y Lemuria entro rápidamente.

-Octavia, debes hacer esto rápido. No queda mucho tiempo, ¡las personas que están afuera van a quemar la casa!

-Vamos, hazlo – dijo Christina decidida.

-¡No puedo! ¿Qué sentido tiene hacer esto si no estaré contigo? No tengo nada por lo qué volver a la vida. – dijo llorando.

-¡Tienes que hacerlo Octavia! No me interesa lo que hayas hecho antes. Si pudiste volver, es porque de verdad tienes que hacer algo importante ya sea en este mundo o en el tuyo. Toma mi vida rápido, no me interesa vivir toda mi vida infeliz con un hombre que no quiero. ¡Prefiero que mi vida fluya en ti! – dijo mientras se desmayaba en el circulo.

    Fuertes gritos se escuchaban dentro de la casa. La temperatura del lugar aumentaba considerablemente junto a un fuerte olor a humo. La casa se estaba quemando y no pasaría mucho tiempo hasta que el fuego llegara a la habitación.

-Vamos Octavia, no queda mas opción – le grito Lemuria.

    Octavia viendo que la situación ya no daba para más, entro en el círculo, se agacho y tomo a Christina en brazos. Christina la miró por última vez y le susurró:

-Me hubiera gustado que esto hubiera durado para siempre. Aunque me pone feliz que viviré en ti para siempre, te amo. – terminó sonriendo.

    Octavia sacando las últimas fuerzas que tenía, se dirigió al cuello de Christina y comenzó a succionar toda la sangre que quedaba en el cuerpo de esta. Lemuria se movía alrededor del círculo a la vez que recitaba antiguos hechizos. El fuego consumía  la casa y se acercaba peligrosamente a la habitación. Octavia paro de beber la sangre de Christina y esta, dando sus últimos estertores, sucumbió a la muerte.

    Una fuerte energía emano del círculo y comenzó a cubrir a Octavia. Christina cayó de sus brazos y antes de llegar al suelo comenzó a desintegrarse, pasando a ser parte del cuerpo de Octavia. El fuego ya había pasado a la habitación y con un fuerte estruendo la puerta voló dejando que el fuego avanzará mas rápido para devorar todo lo que se encontraba dentro.

-Debemos irnos hacía la costa – dijo Lemuria – el fuego nos quemará si no nos apresuramos.

    Octavia miro por última vez ese lugar que era consumido por las llamas y tomando a Lemuria en sus brazos, comenzaron a elevarse por los aires atravesando el techo de la antigua casona para salir al aire libre y poder volar hacia la costa, donde Lemuria dijo que deberían ir. Mientras volaban en su camino hacía el lugar, Octavia no pudo evitar pensar en todo lo que había pasado y sobre todo, en la que Christina le había dicho. ¿de verdad ella tendría algo que hacer en este mundo o en el otro?  Fuera lo que fuera, sabía algo: La muerte de Christina no sería en vano… ella no permitiría eso.

    Mientras Lemuria y Octavia volaban por los cielos, los oprimidos celebraban la derrota del poderoso. El caos y el desorden recorrían por todo el lugar y las personas esperaban que un nuevo amanecer llegara para ellos. La muerte del viejo Edward y toda su familia era la coyuntura que ellos necesitaban para un mejor porvenir. La industria y la empresa cayeron en manos de las personas del lugar quienes trabajaron la tierra y comenzaron a ganar mejores condiciones para sus familias. Una nueva era había comenzado para ese mundo.




***


"Lulupapa y la Legión del Elefante" y "Sacrificio de Sangre" continúan en:





3

"Los deseos de Siete": III. El final puede ser otro comienzo



    El reloj comenzaba a dar las tres de la madrugada y aquel hombre no podía parar de escribir. Un tacho a su lado estaba rebalsado de papeles llenos de poemas inacabados e intentos de alguna poesía olvidada; su taza de café lo acompañaba mientras su gato dormía en una silla cercana ronroneando al compás de la lenta música que ambientaba la escena.

    El tenia que poder terminar aquel poema, sabía que podía, solo bastaba intentarlo un poco mas. Presentía que las palabras podrían fluir desde algún resquicio inhóspito de su alma, pero aun aquellas palabras que lo podían cambiar todo no llegaban. Recogió su cabello con almas manos y decidió tomar un pequeño descanso.

    Lanzándose con fuerza hacia su cama, noto que sonaba una fúnebre melodía. ¿Es Chopin? Se pregunto, mas el hecho de que aquella lúgubre melodía lo rodeara no lo molestaba en absoluto. En realidad, siempre le había gustado la música oscura, le llamaba la atención cuan profundo podían llegar a ser los sentimientos transmitidos a través de una lenta sonoridad que podía encender las mas grandes tristezas y miedos. Comenzó a guiarse por la melodía y, para su sorpresa, noto que la tarareaba inconscientemente. Los recuerdos se arremolinaban en él como una nube negra.

    ¿Cuándo caí en esto?  No sabía en absoluto. Habían veces en las que no se podía explicar las cosas que le sucedían. Podía recordar cuando pequeño, una sombra que aparecía en su habitación tarde en la noche. Siempre le había temido y lo peor comenzaba cuando aquella sombra lo obligaba a bailar con ella bajo el ritmo de alguna maléfica tonalidad. Muchas veces gritaba desesperado, hasta que su protectora abuela corría a abrazarlo para cuidarlo. La sombra de un momento a otro desapareció, más el recuerdo no.

    Ahora que lo pensaba bien, quizás parte de su fascinación por la música oscura podía partir de ahí. Era extraño, pero ¿Por qué no? Todas las personas somos solo un reflejo de lo que nos aconteció en el pasado, todo lo que percibimos influirá en nuestra forma de ser y configurara lo que somos. Siempre había pensado que esa primicia era muy verdadera y tenía en cuenta que parte de sus falencias partían exactamente de ahí.

    “Me gustaría volver en el tiempo y cambiar todo” pensó. Aunque meditándolo, cayó en cuenta que no podía cambiar lo que había pasado ni tampoco vivir en un supuesto. Más que nada, el lo que era, fue posible gracias a aquellos eventos. ¿Valdría la pena cambiarlos? ¿Mejoraría en algo mi situación actual poder evitar aquellas situaciones difíciles? Pues no, sinceramente no sería el mismo de ahora. Sería otro y quizás no la persona que yo quiero ser.

    Aún así, se dijo a si mismo, no puedo evitar recordarte. Se dio vuelta en la cama y sus lágrimas comenzaron a mojar la almohada. La imagen de la persona que más había amado en su vida aparecía en su mente. La luz envolvía aquella silueta espectral, aquel fantasma de un tiempo pasado en el cual, él había conocido cosas hermosas y tristes. Lloraba por eso y por la perdida de lo que jamás pudo tener. Odiaba ese fantasma que lo atormentaba aún, odiaba amarlo y por sobre todo, odiaba que apareciera.

    Una melodía de hermosos violines lo comenzó a sacar de su ensueño voluntario. El gato se levanto de la silla en donde dormía y mirándolo perezosamente se fue a recostar a su lado. Ese gato era su compañía desde hacía mucho tiempo. A veces era molestoso, pero le encantaba que estuviera con él. Acaricio la cabeza del felino, mientras este en ronroneos regaloneaba a su amo amasando su piel, clavándole las uñas.

     “Mi primer poema lo escribí a los catorce” remembraba con risa aquel episodio. Había escrito su primer poema, el cual hablaba de un amor imposible. Todos sus amigos habían leído aquellas estrofas y mirándolo sorprendidos lo felicitaban. Desde ese momento decidió que ese seria el camino para toda su vida. Los versos lo llenarían en todos los sentidos y las figuras retoricas del lenguaje podrían mostrarle al mundo todo lo que el sentía.

    Tenía que escribir y solo escribir. Saco al gato de su estomago y se paro a mirar por la ventana. El cielo resplandecía brillante ante la impune noche. Miro su cuaderno vacio y pensó que esto sería el fin de todo. No podía hacerlo, no podía escribir lo que era necesario para salvar su vida. El mismo era victima de su juego macabro, la propia trampa que el se había puesto. Ahora en este limbo el no podía salir.

    Sintió que le faltaba el aire y cayó al piso, donde la oscuridad lo rodeo. Sentía que agonizaba. Iba a morir, era lo mas cercano que el tenía y no podía hacer nada por evitarlo. Sus letras se habían vuelto en contra de él y no sabía como salvarse. Iba a entregarse por completo a esa oscuridad hasta que escucho algo raro.

    Abrió los ojos y vio un joven adolescente al frente de él. Vestía ropas veraniegas y a su lado una pequeña criatura vestida con trapos lo acompañaba. Miró a aquel extraño niño y se levanto. Se acerco hacia ellos, mas estos se alejaron de él. Los siguió por aquel lugar el cual no era su habitación. Era simplemente un lugar vacio en donde estaban aquellos dos personajes alejándose de él.

    Repentinamente una luz bajo del cielo y vio como una niña descendía de esa luz. La niña aplaudió y la luz lleno aquel lugar. Se encontraba en un edificio circular lleno de habitaciones y pilares extraños. La niña sonrió y corrió hacia el niño con la criatura en trapos. No entendía nada lo que sucedía. Estaba en algún tipo de mundo extraño, seguramente un sueño, más el no tenia la intención de despertar. Quería saber que sucedía ahí.

    Una extraña música comenzó a sonar. Miro a su alrededor y noto que un coro de fantasmas y una orquesta de ninfas tocaban dulces melodías. Una pareja bailaba al medio del lugar circular donde estaban. Era un hombre y una mujer, quienes danzaban al ritmo de aquellas melodías y sus caras reflejaban un amor que parecía verdaderamente de películas. Sintió un poco de envidia de aquella pareja, mas se quedo quieto observándolas. La música paro y todos los que estaban presentes miraron hacia atrás.

    En un gran trono una mujer los miraba. Ocupaba un gran vestido y un hermoso collar de perlas. En su cabeza una corona compuesta por planetas se movían sin resentimiento y su cara mostraba afecto. Todos los que estaban allí se inclinaron ante ella y apuntándolo le dijo con su mirada que avanzará. No podía sentir sus pies, pero se sentía casi flotando mientras llegaba hacia donde aquella extraña mujer.

    A casi 5 metros de llegar su trono, percibió que su escritorio estaba ahí. La mujer miro su rostro y capto su mensaje claramente. Era el momento de escribir lo que tanto anhelaba. Se sentó en su escritorio y vio como todos los personajes que habían ido apareciendo lo miraban fijamente. Tome su lápiz y antes de comenzar a escribir, miro por ultima vez.

    Desde el cielo pudo ver dos luces bajando. Mientras mas se acercaban al suelo sus formas se hacían más notorias. Eran dos niños, uno de cabellos negros y el otro rubio. Flotaban en el aire alegremente y con la delicadeza de una hoja descendieron. Lucían un tanto transparentes e incluso parecían inmateriales, en calidad a los otros que habían aparecido antes. El niño de pelo negro tomo al de pelo rubio por su rostro y lo beso. Le pareció muy extraño, eran muy niños para besarse, mas el niño rubio volteo su rostro a el y su dulce mirada lo invadió. Tomo su lápiz y sin importar si eso lo salvaría o no, procedió a escribir la última estrofa:

“…Y la mañana trajo un aliento dulce
Brillando el rocío bajo el sol,
Tomando en cuenta que todo lo he hecho
Solo para llegar a tu corazón”

Ilustración creada SOLO para esta historia, por la fabulosa  Arantxa ;)

FIN

5

"Los deseos de Siete": II. La historia de Lulupapa


“No me gusta que llueva en mi cumpleaños” pensó Siete cuando miro por la ventana aquel día. Siempre tenía la mala suerte de que el día en que se conmemoraba su llegada al mundo, fuera solo de lluvia y tragedia. Se bajo de la cama y comenzó a buscar sus calcetines. Nunca le habían gustado los calcetines pares, así que tomo uno rojo y otro azul y sin pensarlo mucho se los coloco. Vistió su calzado y bajo a tomar desayuno.

Su madre lo esperaba con la misma cara de siempre, mientras le servía unas tostadas con una taza de chocolate con canela. Amaba tomar chocolate con canela, era el manjar más exquisito que alguna vez había probado. Las tostadas estaban justo al punto de lo crujiente, lo que le dio una gran satisfacción. Su madre le dio un beso en la frente y le deseo un feliz cumpleaños. Siete miro a su madre y casi pudo verse reflejado en sus ojos, esbozo una sonrisa y procedió a tomar su desayuno.

No odiaba a su madre, pero sí a veces no le parecían bien ciertas actitudes de ella. El sabia que su mamá jamás sería mala, pero si aseguraba que su madre no siempre velaría por su integridad. Se miro en el espejo que estaba en su recamara y noto la frialdad de su mirada. Sus ojos tenían aspecto de cansados, tristes y fatigados. Odiaba estar tan triste con solo diez años, pero eso era lo que tenía para él, nada más.

Se sentó cerca de la ventana y comenzó a observar el día. Cerca de su casa había un parque que le gustaba mucho. En ese preciso parque siempre se juntaba con su mejor amigo: Arian. Compartían muchas cosas juntos y no se imaginaba la vida sin él. Siempre en las tarde, iba a buscar a Arian para caminar, jugar, correr y rodar por el pasto en un espiral de sonrisas. Sentía que su vida valía la pena si Arian estaba con él.

Aunque Siete quería con todo su corazón a Arian, habían cosas que le decepcionaban a la vez. Sabia que Arian muchas veces salía con él casi por hacerle un favor y sobre todo, le dolía que el fuera tan frío en algunas situaciones puntuales. A pesar de todo, esa tarde vería a su amigo y el sería feliz.

A la tarde de ese día la lluvia paro y la reunión con Arian se concreto, como siempre, en el árbol de los dos. Siete iba emocionado, se preguntaba que regalo le traería Arian. Esperaba que esta vez no fuera solo una tarjeta, quería aunque sea un juguete tonto ya que el siempre a Arian le regalaba los juguetes que el quería en sus cumpleaños.

-¡Feliz Cumpleaños Siete!- dijo Arian cuando lo vio.

-Gracias- respondió esbozando una sonrisa tímida.

-Mira, te tengo esto…

Siete recibió en sus manos solo una tarjeta. La miro un tanto decepcionado y la guardo en su bolsillo. Le dio las gracias a su amigo por darle un regalo y camino con él por el parque.

-Ayer mi padre llego en la noche, escuche gritos en el comedor, pero no quise levantarme…- dijo Siete.

Arian lo miro con cara extrañada, pero no dijo nada. Siguieron caminando hasta llegar a unos columpios cercanos. Ambos amigos se sentaron en sus respectivos columpios y Siete prosiguió:

-A veces quisiera ser un pájaro y poder volar por los aires, irme muy lejos de mi casa.-

-Eres un loco Siete, son solo cosas, ya pasaran- dijo Arian.

El viento recorrió el lugar, invadiendo con un sentimiento de melancolía a Siete.

-Arian, ¿tu me quieres cierto?- pregunto este.

-Eres mi amigo Siete, por supuesto que te quiero- replico Arian.

-Nunca me dejes, por favor…- dijo mientras saltaba del columpio y abrazaba a Arian.

Arian abrazo a su amigo unos segundos y luego lo separo de él. A veces odiaba esas manifestaciones de amor o tristeza de Siete. Es mas, no le gustaba mucho salir o estar con él, pero tenía que cumplir, más que nada era su cumpleaños.

-¿Mañana nos veremos?- pregunto Siete.

-No sé, estaré ocupado- Respondió el niño.

-Quería verte…- reprocho el otro con un puchero.

Arian se levanto del columpio y miro a Siete. Ya esta aburrido de todo esto, lo sentía con toda su alma, pero era ahora o nunca…

-Siete, no quiero verte más-

Siete abrió los ojos y sintió que su garganta se apretó. Miro a Arian y juntando fuerzas pregunto:

-¿Por qué?

- No me gusta esto, no me siento bien siendo tu amigo. Tengo otro amigo con quien jugar y la paso mejor que contigo, lo siento Siete.

Arian miro a Siete por última vez y se alejo del lugar. Siete cayó de rodillas en el piso, mientras sus lágrimas recorrían su cara. ¿Por qué Arian lo dejaba? ¿Acaso no era un buen amigo? Tomo la tarjeta de Arian, la beso y se fue caminando hacia su casa dejando un rastrojo de lagrimas a su pasar.

***

Siete se sentía horrible. Había pasado los tres últimos meses encerrado en su habitación, de la cual salía solo para ir al colegio, comer e ir al baño. Algunas veces lloraba mirando por la ventana, mientras veía a otros niños jugar con sus amigos. El estaba tan solo. A nadie le gustaba juntarse con un niño tan extraño como él.
Esa noche decidió tomar un baño antes de acostarse. Le gustaba mirarse al espejo después de bañarse, creía que cada vez que uno se bañaba el cuerpo cambiaba un poco. Podía notar sus largos cabellos oscuros caer mas abajo de su cuello, sus ojos claros y su piel tan blanca como la leche. No todos los niños eran como él y le gustaba en cierta parte eso; ser distinto a los demás, no ser igual al común que veía todos los días. Sabía, ciertamente, que eso había conllevado de todas maneras a que estuviera tan solo.

A la mañana del otro día un día de sol despertó a Siete. Le había costado dormir aquella noche, había escuchado gritos en la noche. Como todos los días, se puso sus calcetines dispares y bajo a tomar desayuno. Su padre estaba sentado en la mesa junto a su madre. Sus rostros no eran de lo mejor, así que decidió tomar desayuno rápido y salir. No quería ver ni escuchar nada.

Decidió ir a los columpios donde siempre jugaba con Arian. Se sentó ahí y comenzó a darse vuelo. “Algún día, seré libre como el viento que toca mi cara cuando me balanceo” pensó Siete, sin darse cuenta que un niño que no conocía tomaba el columpio que estaba a su lado.

Paro de columpiarse y mirando al otro niño extrañado, este le dijo:

-¡Hola! ¿Cómo te llamas?

-Me llamo Siete ¿y tú?- respondió.

-Me llamo Lulupapa, un gusto…- dijo el niño sonriendo.

-Tu nombre es gracioso – dijo sonriendo por lo bajo.

-Ahh el tuyo también lo es…- dijo Lulupapa riendo.

Se columpiaron toda esa tarde juntos. Mientras se balanceaban iban conversando y en ciertos momentos Siete miraba de reojo a Lulupapa. El era muy contrario a Siete, Lulupapa tenía el cabello corto, rubio y ojos cobrizos. Ambos niños estuvieron jugando toda esa tarde.

Aquella noche Siete se sintió muy feliz. Había encontrado un nuevo amigo y se sentía feliz. Lulupapa era muy extraño y por eso mismo sentía que eran muy parecidos el uno a el otro. Los días pasaron y ambos niños sin previo aviso o acuerdo se reunían en aquellos columpios. Jugaban todas las tardes y un día descubrieron que cada uno sabía lo que soñaba el otro. Muchas veces Siete sentía que Lulupapa llegaba a buscarlo mientras dormía, para ir a flotar por el mundo exterior.

Un día ambos cansados de jugar, decidieron recostarse en el pasto a mirar las nubes pasar.

-¿Aún los escuchas en las noches?-  pregunto Lulupapa.

-Sí, pero no tanto últimamente- contesto el niño.

-Siempre puedes contar conmigo Siete, yo te quiero mucho- dijo Lulupapa sonriendo.

Siete cerró los ojos y por un momento creyó sentir los labios de Lulupapa rozando los suyos. Al abrir los ojos noto que Lulupapa solo miraba el cielo mientras sonreía. Nunca había notado que Lulupapa lucía hermoso a luz del sol. Cruzo las manos en su pecho y miro al cielo; jamás se había sentido tan cómodo con otra persona en toda su vida.

Ilustración hecha SOLO para esta historia por la Fabulosa Arantxa ;)


Termina en "El final puede ser otro comienzo"

5

Nunca más "El Epitafio de SGR"


    "Esto va a tu memoria, espero que algún día puedes regresar..."

    Muchos dicen que la memoria es frágil. Creo que hasta en cierto punto, no es más que solo una justificación para la falta de compromiso con algunos recuerdos. Para mi todo vale la pena y creo que no podría seguir sin la marca de lo que ha acontecido.

    Fue exactamente una mañana lluviosa cuando abrí mis ojos por primera vez. El mundo se encontraba a mis pies, aunque yo no supiera de ello hasta en un buen tiempo más. El clima incitaba pesadillas e invitaba a la tragedia, mas eso no fue impedimento para el avance de lo que mas tarde todos sabrían. En el transcurso de esa mañana conocí muchas cosas nuevas, todo llevado bajo la perspectiva de inocencia que ha de suponerse tener en la tempranía de lo que llamamos caminar diario.

Aquella mañana pasó muy rápido, mas rápido de lo que yo mismo había creído. Entre vapores y olores de estupor me cuesta recordar más acerca de aquellos momentos. La brisa, el sol y la lluvia tienden a encerrar misterios y creo que eso causa que mi memoria se bloque.

    Pasando el mediodía note ciertas cosas que antes no había podido notar. Mi casa era grande y espaciosa, llenas de dormitorios en donde vivía cada persona de mi familia. Caminando entre medio de todo, pude notar que en el último cuarto vivía un monstruo. A veces el monstruo no estaba y llegaba mas tarde, por lo que yo aterrado solía esconderme debajo de mis protectoras sabanas. Sin embargo, el monstruo comenzó a aparecer de día, lo que me daba mucho miedo. Nadie notaba su presencia o quizás simplemente la ignoraban. Sea cual sea el caso, aquel monstruo se quedo ahí por mucho tiempo.

    Comencé a demostrar miedo aquel mediodía. Ni mis amigos lo notaban pero llegaba el momento en que no quería estar en mi casa. Siempre que llegaba, buscaba a mis dos protectores. Ellos me cubrían en sus brazos y me prometían que jamás me pasaría nada. Antes de que llegara la tarde, el mediodía me había enseñado muchas cosas. Me enseño desde reconocer el miedo hasta tener que sacarme a la fuerza la ropa, sin el motivo de cambiármela o tomar un baño.

    La tarde comenzó con una advertencia de tragedia; Uno de mis protectores se fue. La tarde se volvió melancólica y fúnebre. Fantasmas que me perseguían desde el mediodía, continuaban acechándome en la tarde, mientras el recuerdo de aquel protector rondaba por los laberintos del más recóndito recuerdo. El monstruo de la última habitación seguía rondando aunque comencé a notar que cada vez sus pasos eran más débiles…

    Sin duda, la tarde ha sido la más llena de emociones. Conocí amigos de verdad y el mundo se comenzó a abrir hacía mí. Camine por muchas partes y conocí los significados de lo que no entendía en la mañana ni el mediodía. Casi llegando al crepúsculo vi un ángel. Aquel ángel rondaba por las calles mirando con su dulce semblante. Me sentí atraído y comencé a correr para poder alcanzarlo. Raudo corría y cuando mi mano alcanzo a tocar uno de sus cabellos, la noche apareció.

    La oscuridad se abalanzo sobre todo y quede sumido en ella. Me sentí solo y perdido en aquella  negrura y busque mi camino a casa. Al llegar noté que no era más que solo un antiguo reflejo de lo que era antes. Al entrar note que mi último protector se había ido y el monstruo que rondaba había perecido. Me senté en el piso y comencé a llorar. Nunca me había sentido tan solo. ¿Dónde estaban las personas que había conocido y querido? ¿Por qué era todo así ahora?

    Me dirigí hacia mi alcoba. Me recosté en mi cama y comencé a sentirme más solo que nunca. “¿Por qué la oscuridad? ¿Por qué esto termina así?” pensé y así mismo llegué a la respuesta. “Al final es lo que a todos nos espera, en algún momento todo acabará y solo quedará la oscuridad que lo rodea todo”.

    Comencé a sentirme aprisionado  en mi cama. Intente moverme mas no pude hacerlo. Por alguna extraña razón sentí  que el oxigeno faltaba en mi alcoba. No sentía miedo ni tampoco sentía dolor. Era algo agradable hasta en cierto punto, por lo que decidí poner mi mente en blanco. Quizás así todo acabaría y ya no sentiría nada más.

    “En nombre del padre, el hijo y el espíritu santo…”. Abrí los ojos sorprendido, preguntándome que significaba a aquello. Me concentre y comencé a escuchar mas sonidos. Podía escuchar personas llorando, y también a alguien dando una especia de sermón. “¿Qué significa esto?” pensé cuando de repente la respuesta cayo encima de mí. Pude sentir como caía la tierra en lo que parecía ser madera. 

    Tomando en cuenta que era lo que estaba ocurriendo, tan solo cerré los ojos y me deje llevar por los sublimes sonidos que encierran los misterios que conlleva la muerte. Tal vez algún día, pensé, volveré y descubra lo que no pude sentir. Mientras tanto, tan solo puedo decir: Nunca más.  



Ilustración hecha SOLO para esta historia, por la fabulosa Arantxa ;)


2

Las Horas de la Tristeza (are all the we share)

    
    Creo firmemente que llega un momento en la vida en que hay que cerrar ciclos. Quizás lo desconocido o la falta de madurez para enfrentar ciertas cosas hacen que queden asuntos pendientes o simplemente permanezca el sentimiento que gatillo lo fatal. Sea cual sea el caso, nunca es tarde para hacer las cosas bien.

     Podrán tomar que estoy mal de la cabeza pretendiendo hacer otra entrada acerca del amor, lo cual no me parecería raro. Mi primer artículo sobre este tema fue el hermoso “Pasajes Hacia la Soledad”; una narración en donde sale a relucir mi opinión acerca del amor junto a unas pequeñas muestras de mi experiencia. Mas tarde publicaría “Cosas del Corazón y otras Hierbas” el cual ha sido el mas visitado. Este ultimo consiste en un solo una exhibicionista muestra de mi lamentación acerca de mi soledad. Finalizando viene este, el cual, será el último acerca de amor, hasta en un buen tiempo más…

     ¿Quién no ha tenido un amor imposible y no correspondido? Creo que todos hemos vivido esa experiencia. Para los sínicos que no sepan lo que es, paso a relatarles que el amor correspondido es una de las formas mas mariconas de enamoramiento que existen en este planeta. Es sumamente sencillo: Te enamoras de una persona la cual te rechaza o simplemente de alguien que sabes no podrá enamorarse de ti.

     ¿Qué puede causar esto? Son variadas las reacciones acerca de esto. Muchas veces dependerá de la madurez y estado de la persona. Sentimientos de infelicidad, celos, odio, euforia, tristeza, son algunos de los que puede sentir la persona que le toco vivir esto.

    ¿Por qué estoy hablando todo esto? Porque alguna vez viví lo que les hablo arriba. También pase por eso y sentía que mi mundo no podría ser mejor y que nada tenia sentido. Obviamente tuvieron que pasar muchas cosas y tiempo para poder sanar esto, pero creo que al final fue lo mejor.

    Creo que hay que entender algo en esto. En la vida no hay coincidencias ni cosas al azar. Todo lo que vivimos, sea bueno o malo, tiene que pasar por alguna razón. Muchas veces nos lamentamos las cosas que nos ocurren, pero no pensamos ¿en que repercutirá esto? La mayoría de las veces cuando creemos que todo es malo, no sabemos que tiene que ser así para salvarnos de algo peor en el futuro.

     Es cierto, es difícil poder superar esto, pero nunca deben olvidar el cariño de sus amigos y familiares. Son uno de los pilares mas grandes en momentos como estos. Recuerden que para poder encontrar el amor verdadero, deben primero estar en armonía con ustedes mismos ;)

     Para finalizar tengo dos mensajes. Este artículo habla de mi experiencia, si lees esto y estás pasando por algo parecido, espero de todo corazón que te pueda ayudar en algo. Por último, me resta decir que con lo expuesto anteriormente, las horas de la tristeza se han acabado… por el momento.

     
     Eso es todo por ahora y siempre ;)  


7

Entre lo real y lo no

    
   El crepúsculo caía sobre la ciudad impune y total. Parecía que un cuchillo había dejado un enorme rastro de sangre en el cielo y este solo sería el exordio para la oscuridad que traería consigo la infinita noche. Había terminado de escribir el último reglón de mi historia, cuando habiendo mirado por la ventana de mi estudio percibí que era la hora de su llegada. Guarde mi lápiz y mi cuaderno y cerré los ojos.

    Un extraño chirrido se hizo presente en la habitación, lo que no me pareció extraño en lo absoluto. Continúe con mis ojos cerrados, mientras sentía sus manos recorrer mi pecho en un abrazo caluroso y lleno de cariño. Abrí mis ojos y pude verlo sonriente ante mí.

    Sus ojos denotaban un cansancio mortal, lo que junto a su palidez cadavérica le daban el aspecto del mas elegante de los vampiros. Se sentó a mi lado y tomando mi mano, procedió a contarme toda su jornada del día. Sus palabras invitaban a un misterio que parecía encerrar el rumor de mil años de soledad, junto a ello sus gestos y miradas compenetraban en un hermoso remolino de colores del cual no quería salir.

    “¿Bailemos?” escuche decirle cuando tomaba mi cintura y me levantaba por los aires. Flotábamos en la atmosfera, podíamos volar por todo el estudio mientras bailábamos al compás de la canción mas triste que podría haber escuchado. Sus movimientos me guiaban al esplendor y podía notar que sus cabellos se movían al tin tin de lo galanesco.

    Paramos de bailar y sentía que nos movíamos hacia un lugar que no conocíamos. Era un bosque. Un bosque lleno de hadas y criaturas mágicas. Paseamos por los rincones de aquel lugar, mientras las ninfas colocaban coronas sobre nuestras cabezas. Un coro de fantasmas armonizaban el entorno, mientras tomábamos asiento al medio del bosque.

    Las horas no existen, ni tampoco los minutos ni segundos. Sentía que mi rostro se sonrojaba mientras el lo tenia en sus manos. Podían sentir el roce de sus labios a la vez que sus manos sostenían las mías. Una lagrima se asomo por mi rostro cuando ya no pude sentirlo mas junto a mi.  Las hadas ya no estaban y el bosque se había transformado en una horrible ciudad.

    Deambule por el lugar sin él. Era un alma errante dentro de esta gran urbe. Podía ver a las personas hipócritas caminar de la mano, mientras que a la vez veía destrucción por doquier. Corrí, pero no parecía hacerlo. Flotaba por los aires y no podía hacer nada mas. Estaba atrapada.

    El sol con sus primeros rayos cayó sobre mi rostro. Mi historia tenia manchas de lagrimas y saliva. Sin duda, pensé, la marca de que los sueños son mas reales de lo que todos creen…


Ilustración creada SOLO para esta historia, por la fabulosa Arantxa ;)

4

Cosas del corazón y otras hierbas


    Es clásico que el mes de Septiembre es una fecha de celebración. Todo parece condicionar la celebración del 18, incluso hasta el clima, lo que en cierto modo va de la mano para la conmemoración del momento  en el que se forma la primera Junta Nacional de Gobierno como el primer paso a la independencia y no el DÍA DE LA INDEPENDENCIA (12 de Febrero de 1818 ;) como algunos ilusos creen.  Terminando con el improvisado dato histórico ofrecido, paso a retomar que independiente de lo carnavalesco de la época, no para todos lo es o simplemente no todos los años uno la puede pasar tan bien.

    En lo que respecta a mi caso este año la pase muy bien, aunque ahora lamente las consecuencias estando postrado en mi cama, con dolor de estomago, de garganta y a punto de expirar  *Alerta de Drama aquí*.

    Pensando en mi situación, he notado que últimamente he estado solo. No en el sentido de solo de compañía ya que tengo a mi alrededor a mis amigos, familias y demases, sino que solo en el sentido amoroso que hace algún tiempo atrás explique en el hermoso artículo “Pasajes Hacia la Soledad” ;P

    Este año he conocido a muchas personas, unas buenas y otras malas. Algunas lamento haberlas perdido y a otras agradezco no verlas mas. Aún así creo que me he vuelto mas banal que de lo que yo era antes. Hasta el momento nadie ha llegado a (por decirlo de manera coloquial) a moverme el piso, lo que me ha traído dos preguntas:


“¿Habrá llegado el momento en el que simplemente me enfrié, nadie podrá conquistarme y simplemente quedaré solo?

O quizás

“¿Todavía tengo que esperar a la persona correcta?

    Aunque las dos preguntas lleguen a sonar burdas, me tomo mucho tiempo pensarlas; hice muchos ejercicios para esclarecer mis dudas, entre ellos: fumar marihuana, beber alcohol, pegarle a mi hermana, tirarle la cola al gato e incluso besar a una mujer. Ninguna de las opciones me permitió dejar algo mas diáfanas mis dudas por lo que decidí que era mejor encerrarme en mi cuarto y pensar sobre esto.

    Llegué simplemente a la conclusión que las dos preguntas eran precisas para mi estado ya que en mi hacen algo de sentido. Es cierto, hay que esperar a la persona correcta, pero ¿Cómo saber cuál es la correcta? ¿Acaso tengo que sentarme afuera de mi casa, esperar a que pase y lanzarme? No, por supuesto que no. Hay que conocer gente, salir, conversar, pero acá viene la otra problemática: ¿ Dónde encontrar a alguien de verdad en este mundo dominado por los estereotipos? ¿Cómo llamo la atención de alguien que esta idiotizado por el nuevo producto del mercado llamado “cuerpo”?.

    Es estúpido que lo anterior se puede aplicar a todos los casos, pero mi experiencia (que no es poca) me dice que sí se puede aplicar a la mayoría.


    Quizás por eso estoy solo, ya que al fin y al cabo yo no cumplo con los canones expuestos arriba. Busco algo especial, de otro mundo…

    Para ir terminando creo que esto es lo que me pasa actualmente, aunque no digo que no puede cambiar, ya que la vida tiene muchas sorpresas y quizás mi pensamiento este influenciado gracias a la tristeza que me provoca estar enfermo o quizás a las millones de cosas que influencian mis estados de ánimo este mes de la empanada, la brocheta y el vino.



   Eso es todo por hoy, creo…



P.D. Pido disculpas a los que siempre me leen, ya que me ausente por dos semanas, prometo que  no se repetirá. La historia que prometí estará publicada esta semana sí o sí y para finalizar, si no pueden ir al baño tomen Activia ;)