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Un cumpleaños desde las TINIEBLAS



    El tiempo pasa y nos hacemos más viejos y ciertamente este Blog no es la excepción. Hace un año atrás, en un día bastante lluvioso este blog nació y resultó un gran éxito, uno que no me esperaba.


¡GRACIAS A TODOS MIS PRECIADOS LECTORES!
(okey esta es la parte mamona y estúpida)


    Obviamente, siendo la celebridad Under que soy, nunca mis escritos ni mis reflexiones verán la luz mas allá que este espacio, lo que en realidad está bien para mi. Nadie dijo que lo bueno recibía tantas visitas y era tan conocido ;)

    Finalmente, me resta decir que espero que sigan disfrutando mis historias y sigan comentando como siempre.


Eso es todo por hoy.
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Jean

     Ofelia estaba exhausta. Las lecciones de equitación habían sido muy agotadoras ese día, sumado a que el caballo extrañamente no había querido andar. Ofelia bajo del caballo y fue directo a cambiarse de ropa, ya que se le desagrada en lo más profundo ocupar ese ridículo atuendo. Al mirarse en el espejo que se encontraba en el vestidor, noto que estaba más pálida que nunca, lo cual en vez de molestarle, le agradaba. No sabía cual era el motivo por el que siempre terminaba haciendo cosas que no le gustaban, tal como aprender a bordar, tejer, tocar piano, cocinar o andar a caballo. Encontraba ridículo que sus padres quisieran hacer de ella el modelo de lo que debe ser una mujer, sobre todo ella que era perteneciente al circulo social del cual ellos eran participes, si a fin de cuentas ella no quería eso.

      Camino por el campo hasta su transporte y este la llevo por la ciudad hasta su hogar. En el camino a este, comenzó a observar la ciudad que se ofrecía ante ella. Encontraba curioso como la ciudad había ido creciendo los últimos años y mas aún, como parecía que los asentamientos de personas querían alejarse los unos de los  otros. Los pobres y los ricos tenían lados distintos donde vivir y parecía que el único modo de poder conciliarlos era la línea del tren. A veces le daba tristeza pasar por ciertos sectores donde muchas personas habitaban sin las más mínimas condiciones para poder vivir tranquilos. “Es muy injusto” pensaba a la vez que se sentía un poco miserable, por creer que en cierto sentido su circulo era responsable de esas atrocidades.

     Al llegar a su hogar su madre la recibió con un fuerte abrazo, lo cual la reconforto luego de haber quedado un poco triste en su viaje de regreso. Su casa era grande y amplia, llena de sirvientes quienes fervientemente mantenían el salón y las numerosas habitaciones limpias y ordenadas. Mientras ambas tomaban té en el jardín, su madre le dijo:

-Ofelia, tu padre ofrecerá un baile en el salón celebrando los cinco años de su empresa.-

-¡Oh! ¿Quiénes asistirán madre? – pregunto un tanto curiosa.

 -Miembros de la aristocracia principalmente, por lo que tenemos que estar impecables ese día – dijo un tanto rígida.

-Madre, ¿Puedo levantarme? Estoy un tanto cansada por la equitación y me gustaría descansar en mi habitación. – dijo con Ofelia con voz amable.

- Sí, por supuesto. En tu habitación esta el vestido que usarás, mas tarde pruébalo- dijo con un tono condescendiente.

     Ofelia se paro de su asiento y se fue lo más rápido que pudo a ver el vestido. Era grande y hermoso, lleno de encajes y vuelos que le daban un aspecto muy victoriano. Se lo probó y para su sorpresa le quedaba justo a su medida, lo cual fue un alivio ya que no quería que le hicieran ningún arreglo. Se sentó en su cama y comenzó a pensar en una hermosa visión que había tenido en su lección de equitación: un bello campo lleno de narcisos, donde ella y un tipo que era desconocido para ella, eran felices mientras caminaban tomados de la mano. Se sentía extraño tener ese tipo de sueño, pero a la vez agradable. Muchas veces le habían dicho que las señoritas no pueden pensar en esas cosas, aunque a ella no le importaba mucho. No era como sus amigas que apenas sabían lo que era usar ropa interior. Ella quería conocer y explorar el mundo que se encontraba, pero sobre todo quería encontrar lo que se había propuesto desde que era una niña: encontrar el amor, aunque fuera vivirlo por unos ínfimos segundos.

     Se levanto de su cama y se dirigió la tela que tenía en un atril, donde comenzó a pintar el bosquejo de la nueva pintura que deseaba plasmar, mientras su corazón se salía por sus poros al imaginar lo feliz que sería el día en que pudiera experimentar el amor…

***

     Los días pasaron rápidamente y al mismo tiempo el verano se volvía más caluroso. La noche de la fiesta llego y ese día todos parecían estar sumamente histéricos por mantener el orden y tener todo listo para la hora del banquete y después el baile. Su padre la había llamado temprano en la mañana para decirle algunas cosas.

-Ofelia, hoy es una noche muy especial para mí y quiero que seas un ejemplo para todas las niñas. Les he hablado mucho a todos sobre ti y por lo tanto no quiero que me falles, ¿Puedo contar con tu palabra tesoro? 
– dijo con tono amable pero decidido.

-Sí, papá- dijo inexpresiva

-Esa es mi hija – dijo mientras la abrazaba – ahora ve a vestirte que el tiempo pasa volando.-

     Le había quedado claro que sería mejor no hablar mucho en la fiesta, ni menos opinar sobre algunos temas. A veces creía que sus padres tenían miedo de lo que ella podía opinar o peor aun de lo que podía ser, porque a pesar de lo que ellos decían, sabían que ella no era como las otras niñas y que no estaba dispuesta a ser el ángel de la casa por la eternidad.

     Llego a su habitación con una de las criadas y comenzó a vestirse para que después ella la peinara. Era un tanto difícil controlar su cabello, sobre todo después que en un arranque de locura se lo había cortado, perdiendo sus bellos rizos. Sus padres habían quedado muy molestos y las marcas del recordatorio de que no debía hacer eso otra vez aún las guardaba bajo su vestido. Le tomaron el pelo hacía atrás y le agregaron unas extensiones junto a un lindo sombrero pequeño. Luego de eso, procedieron a pintarle los labios y aplicarle polvos a su rostro para quitarle palidez. Al cabo de dos horas Ofelia estaba lista para la fiesta. 

***

     Nunca en su vida había visto tantas personas ni tanta comida reunidas en un solo lugar. Una gran mesa abarcaba todo el comedor de su casa y en ella cientos de personas se servían diversos tipos de alimentos y vinos a la vez que hablaban de diversos temas que a ella sencillamente no le interesaba. Cuando bajo de su habitación ya estaban casi todos sentados y no veía ningún puesto desocupado por lo que comenzó a buscar. No había alcanzado a dar dos pasos cuando su padre en voz alta dijo:

-Oh, pero si acá esta mi hermosa hija. Ella es, señores. Pero por favor hija siéntese allá al lado de Jean. Sé que el estará encantado de compartir la velada contigo – termino apuntando a un joven de anteojos que se encontraba a la mitad de la mesa.

     Ofelia se acerco y tomo asiento. El joven le sonrió y ella le devolvió la sonrisa, mientras que el le tomaba la mano, la besaba y decía:

-Mi nombre es Jean, un gusto conocerla señorita, ¿Cuál es su nombre?-

- Ofelia, un gusto para mi también.- dijo un tanto desganada.

-¿Le ocurre algo señorita? – pregunto Jean preocupado.

-No, nada. Gracias por la preocupación – dijo seria.

     Ofelia ceno silenciosa, mientras que Jean conversaba con otros señores en la mesa. La velada se desarrollaba tranquila y ella al terminar se dedico a mirar de cerca a ese extraño joven. Su piel era un tanto tostada y su nariz tenía una extraña curvatura, aunque no se veía feo. Se imagino que podía ser de algún país oriental, por lo que le pregunto:

-¿Tu no eres de acá, cierto? –

     Jean la miro y sonrió abiertamente.

-No, soy de Francia. Aunque tampoco soy de ahí completamente- dijo con una expresión amable.

-No entiendo- dijo Ofelia.

-Mi familia es de origen oriental. Vienen de un pequeño lugar que no vale la pena recordar, aunque yo nací en Francia, por lo tanto soy Francés.- dijo sonriendo.

-Pero tu inglés suena bien para ser francés – dijo Ofelia incrédula.

-Oui? Creo que mi inglés es pésimo, pero gracias, eres muy amable. Quiero saber mas de usted señorita, me pareces muy interesante – dijo mirándola fijamente.

     Ofelia se sintió un tanto incomoda, pero a la vez le agradaba la presencia de Jean por lo que decidió contarle acerca de su vida y sobre su pensamiento. No sabía por qué, pero sentía una gran confianza por Jean, a pesar de que lo había conocido recientemente.

     Hablando con Jean pudo saber un poco mas de su vida. Viajaba constantemente por asuntos de negocios desde Francia y le encantaba la música y el arte en general. Del mismo modo supo que a pesar de ser tan joven, el se había casado con una mujer que había muerto hace dos años por una extraña enfermedad. De la misma manera Ofelia le conto a él acerca de sus sentimiento sobre la sociedad en la que estaban y como a ella le gustaría hacer cosas distintas.  Luego de haber hablado por mucho rato Jean le dijo:

-Ofelia, el baile va a comenzar, ¿Quieres bailar una pieza conmigo?

     Ofelia sonrió tímidamente y tomando su mano se fue al salón con él. La orquesta tocaba a un ritmo que incitaba las pasiones. Jean tomaba a Ofelia por la cintura y se movían alrededor del salón como dos amantes que se conocían por años. Cada nota era ejecutada con absoluta precisión por Jean, quien parecía ser un experto, y Ofelia, quien no se quedaría atrás, seguía el ritmo con entusiasmo. Todos miraban a aquella pareja de jóvenes y ciertamente al acabar la canción todos aplaudieron fuertemente.

-Ofelia, ¿Vamos a tomar aire? – pregunto Jean.

-Sí, estoy un poco ahogada. -  contesto Ofelia.

     Ambos salieron al patio trasero de la casa, donde un gran jardín lleno de arboles y flores se mantenía. Caminaron por los arboles y cerca del tronco de un árbol se sentaron a contemplar las estrellas.

-Eres un excelente bailarín, Jean – dijo Ofelia sonriendo.

-y tú la mejor compañera – respondió él mientras la rodeaba con uno de sus brazos.

     Ofelia se sintió un tanto extraña pero le agradaba la sensación. Jean era extraño, pero fascinante y le agradaba la idea de haber conocido a alguien así. Lo miro fijamente y no supo cuando de un momento a otro sus labios se habían juntado. Ofelia se separo rápidamente y se alejo.

-Lo siento, no debí hacerlo. No sé lo que paso – dijo Jean nervioso

     Ofelia no respondió y lo miro fijamente. Sabía que no estaba bien pero decidió hacerlo y se lanzo a besar a Jean, el cual respondió al beso rápidamente. Nunca había besado a un hombre y la experimentación de tal placer era nuevo para ella. Jean era suave y delicado y eso hacía sentir bien a Ofelia. Sus manos comenzaron a recorrer la cintura de Ofelia y esta paro el beso.

-No, esto no esta bien- dijo con una mezcla de nerviosismo y excitación

-Yo no haré nada que no quieras – dijo Jean

     Ofelia estaba confundida. Sabía a lo que quería llegar Jean y sabía que ella también lo ansiaba también, pero el miedo a hacerlo y el miedo a ser descubiertos era muy fuerte. Se levanto y miro hacia la casa. Todo el mundo bailaba y conversaba felizmente. Parecía que ni siquiera la recordaban y  que tampoco querían terminar la fiesta. Miro a Jean de vuelta y le dijo:

-Sí, quiero.-

     Jean la tomo y la recostó en el pasto que estaba cercano. Mientras se colocaba encima de ella, recorriéndola con sus manos, le pregunto:

-¿Es primera vez que haces esto?

-Sí- respondió sonrojada.

     Jean sonrió y comenzó a besar su cuello, mientras sus manos la ayudaban a despojar el atuendo de Ofelia. La luna brillaba con mucha intensidad en el cielo, mientras ambos amantes desnudos en plena naturaleza descubrían las artes de la carne.

***

     Ofelia despertó temprano al otro día. Recordaba todo como si lo hubiera vivido hace solo momentos.  No podía evitar sentir los dedos de Jean recorrer su cuerpo o la boca de él besando la suya. Había sido tan mágico todo, como si hubiera sido un sueño. Como no olvidar que después de haber terminado se devolvieron a la casa donde conversaron hasta que la fiesta termino.

-¿Te volveré a ver? – pregunto Ofelia.

-Por supuesto que nos seguiremos viendo. Lo prometo – dijo Jean.

     La promesa de que se volverían a ver de nuevo la había dejado en las nubes. Jean le había hecho sentir cosas nuevas y desconocidas para ella, cosas que nunca pensó que alguna vez viviría. ¿Y sí Jean era la persona que ella había estado esperando todo este tiempo? Se dirigió a la última pintura que había hecho y le termino un último detalle: al tipo desconocido que estaba a su lado en el campo de narcisos, le dibujo la cara de Jean.

     Miro por la ventana y vio como el sol alumbraba todo el jardín donde había estado con Jean. Todo lucía tan hermoso.

***

     Un mes paso desde aquella noche y no tenía ninguna notica sobre Jean. Incluso se atrevió a preguntarle a su padre sobre el posible paradero de Jean, pero la respuesta de este no fue muy satisfactoria. Se sentía un tanto triste por este hecho. No quería pensar que Jean solo había querido eso de ella y nada más. Se negaba a imaginar tal afirmación.

     Un día especialmente frió su madre la mando a llamar con una criada.

-Señorita Ofelia, tiene visita.-

     Ofelia estaba completamente desanimada y con desgana bajo de su habitación, aunque su rostro cambio completamente al ver quien estaba en la puerta. Jean la esperaba con un gran ramo de flores y le pidió permiso a sus padres para poder salir a pasear por el campo. Estos dieron su permiso y Ofelia se arreglo rápidamente para salir con Jean.

-¿Por qué esperaste tanto tiempo?- dijo Ofelia mientras andaban a caballo.

-Lo siento mucho Ofelia, pero he tenido mucho trabajo. Casi no he visto a nadie – dijo con un tono sombrío.

     Recorrieron el campo a caballo y al rato después decidieron almorzar bajo la sombra de unos arboles. Ofelia noto que Jean tenía ojeras y que incluso estaba un tanto callado. Ella había hablado casi todo el rato que habían estado juntos y Jean parecía ni siquiera estar tomando en cuenta lo que ella decía.

-¿Te ocurre algo? – pregunto Ofelia.

-No, nada.  Es solo que no han sido unos buenos días para mi – dijo un tanto agotado.

-Entonces, déjame hacerte un masaje – dijo sonriendo.

     Ofelia se acerco a Jean por detrás y comenzó a masajear suavemente su cuello. Se sentía feliz por poder brindarle algún alivio a Jean. Sin duda era tonto, pero le encantaba la compañía de él, aunque estuviera así de distante con ella.

-Ofelia, creo que es hora de partir – dijo Jean.

-No, aún no, quiero estar más tiempo contigo – dijo con un puchero.

-No tengo más tiempo, lo siento- respondió Jean.

     Ofelia se acerco y le dio un beso en la mejilla.

-Esta bien, pero prométeme que me vendrás a ver de nuevo, o que me escribirás por último. No quiero perder contacto contigo. Jean, yo quiero que siempre estés conmigo- dijo sonrojada al haber sido tan sincera.
Jean la abrazo y le prometió que se verían cuanto antes. Le dio una dirección a la cual ella le podría escribir y la fue a dejar a su hogar donde feliz por haber pasado toda la tarde con él, se fue a su habitación a pintar.

***

     Pasaron dos meses y Jean no aparecía. Lo único que la consolaba eran las cartas que Jean le enviaba, donde le contaba que había estado muy ocupado y que no tenía tiempo para viajar y así poder verla. Casi no dormía en las noches y estaba más pálida que nunca. Sus padres, especialmente su papá, estaban muy recelosos acerca de lo que le estaba sucediendo. Ofelia creía que en cierto modo ellos sabían lo que le estaba pasando, y decidió portarse lo mejor que posible. Iba a todas sus clases e intentaba comportarse como la mujer que debía ser. Sin embargo, no podía evitar llorar por las noches ni andar como una muerta en vida por la casa. Aburrida de todo eso decidió escribirle a Jean.

   Querido Jean,

     Han sido días eternos sin tu presencia. No me has escrito ya han dos semanas y estoy un poco preocupada. ¿Qué te ha pasado?, espero que no sea nada grave y que dentro de todo estés bien.

     No he estado muy bien de salud y creo que mis padres me quieren encerrar en un lugar donde llevan a las personas que pierden el control de si mismas. No soporto más esta vida, ni esta familia. Por favor ayúdame, llévame lejos contigo. ¡Casémonos! Sí, y podríamos ser muy felices juntos, sin la necesidad de nadie mas.   

    Espero que respondas luego mi carta. No soporto no saber nada de ti por tanto tiempo.

  Tuya,
  Ofelia.

     Así fue como pasaron dos semanas más y ni siquiera una mínima respuesta había llegado al correo. Estaba enloqueciendo. La incertidumbre, la duda y la tristeza eran más fuerte que ella. Odiaba imaginar a idea de que Jean a lo mejor estaba con otras mujeres fornicando o que quizás ya se había olvidado de ella. Se sentía estúpida por sentir esas cosas por un hombre al que solo había visto dos veces, pero aún así sabía que no podía evitarlo: el había sido el primero en hacerla sentir libre de todo lo que la rodeaba.

     Cierto día su madre y su padre llegaron a su habitación. Cerraron la puerta fuertemente y miraron con dureza a Ofelia, quien había estado llorando.

-Sabemos lo que hiciste con Jean, Ofelia. – dijo su madre.

     Ofelia se quedo muda y no atino a responder nada más. Su padre se acerco y la abofeteo fuertemente.

-Una criada los vio ese día del baile y nos acaba de contar. Es por eso que andas tan pendiente si el te escribe, ¡Porque quieres volver a verte con el y fornicar! ¡Maldita loca! – dijo mientras se abalanzaba encima de ella.

     Su madre se lanzo rápidamente a separarlos y tomo a Ofelia en sus brazos. Su padre estaba rojo de furia y dijo riendo:

-Pero esto se acabo. Hemos hablado con el doctor Vincent Hopkins quien estará encantado en recibirte en su lugar especial para niñas que no se comportan como deben. –

-¡¿Qué?! Papá, no, te lo suplico, no me saques de aquí ¡Por favor! – dijo de rodillas Ofelia.

-Oh, no lagrimas por favor, es un desperdicio. Pasen chicos – dijo su padre.

     Tres hombres entraron a su habitación y tomándola por la fuerza se la llevaron hacia la entrada donde un transporte especial la esperaba. Ofelia miro por último vez la cara impasible de su madre y la cara indolente de su padre, y tomando fuerzas de flaqueza se dejo llevar hacía el lugar de donde sabia que no volvería a salir.

***

     Estaba encerrada en una habitación con una ventana y sin luz. Ya habían pasado cuatro días desde que la habían encerrado y la desesperación que emanaba del lugar era insoportable. Todos los días el doctor Vincent llegaba a aplicarle una dosis de medicamento, con el fin de “calmar sus nervios y modificar su conducta destructiva”, ya que el primer día que llego comenzó a romper todo lo que encontró a su paso.

-Yo no estoy loca- dijo Ofelia.

-Lo sé querida, lo sé, y te prometo que si pones todo de tu parte para cambiar tu mal comportamiento, te devolveremos a tu casa- dijo con una sonrisa.

-Ellos no me quieren. Estoy sucia y no quieren a una puta como yo – dijo mirando el suelo.

-Tranquila, mas tarde probaremos mi nueva invención contigo. Te aseguro que te ayudará a cambiar tu conducta. Tan solo espera.

     Ofelia miro al doctor Vincent fijamente. Era chico, regordete y llevaba un bigote que lo hacía lucir un tanto gracioso. Aquel lugar era lo peor que le podría haber pasado. En las otras habitaciones habían mas personas que a veces gritaban en las noches y otras durante todo el     día. A veces no encontraba que hacer y con un pedazo de tiza que había encontrado en el suelo, dibuja en las paredes. A esto había llegado el encuentro con Jean, a que la encerraran, la tacharan como una puta y loca y por sobre todo, a terminar de perder su libertad. “Que pedazo de mierda” pensó Ofelia mientras tarareaba una antigua canción que había escuchado el día del baile.

     A los dos días después, una de las enfermeras llamo a su habitación.

-Ofelia, tienes visita. Compórtate decentemente o esta noche quedarás sin cena.

     La enfermera se fue y dejo pasar a un joven a la habitación.

-¡Jean! – dijo Ofelia mientras se lanzaba a abrazarlo.

-Hace poco me entere que estabas acá. ¿Te encuentras bien? Sé que esto fue por mi culpa. Me siento horrible que tu padre se haya enterado de todo lo que paso.- dijo mirándola con pena.

 -No importa, tu estás conmigo ahora, solo eso me importa. Jean vámonos de acá, prometo que me portaré bien, que seré la mejor para ti. Tan solo sácame de acá, tengo mucho miedo – dijo llorando.

-Ofelia… ehmm, esto es un poco difícil para mi, pero yo no puedo hacer eso- dijo fríamente.

     Ofelia lo miro y sentía que su mundo se terminaba por destrozar.

-¿Por qué? – dijo con mas lagrimas en los ojos.

-Yo no puedo irme contigo, no puedo sacarte de acá. No puedo hacer nada por ti. Por mi culpa estás acá, pero no puedo hacer nada. Yo no puedo corresponder lo que tu quieres de mi. – dijo mirándola a los ojos.

-Pero, tu me quieres, tu estuviste conmigo, yo puedo ser tu mujer, ¡La mejor de todas! – dijo firme.

-No es eso, es tan solo que hay cosas que yo aun no puedo superar. Lo siento Ofelia, esta será la última vez que nos vemos. – dijo mientras se levantaba y se dirigía a la puerta.

-No me dejes por favor – dijo Ofelia en el suelo.

-Te quiero Ofelia. Hasta siempre – dijo dejando la puerta abierta.

     El mundo se le dio vuelta a Ofelia. Jean la había dejado a ella y a su amor detrás. Ya no le quedaba nada en el mundo ¿Por qué todo era tan injusto? No se imaginaba su vida sin él. No podía concebir semejante idea en su cabeza. Al ver la puerta abierta, decidió hacer lo último que le quedaba por hacer y se lanzo a correr detrás de Jean. Todas las enfermeras gritaban e iban detrás de ella.

     Ofelia corría y corría, hasta que alcanzo la puerta de entrada y salió al exterior. Un enorme campo de narcisos la esperaba junto a un gran sol de verano. Corrió a través de los narcisos a medida que un extraño sonido corría por sus oídos. Tenía que encontrar a Jean por alguna parte. Seguía corriendo hasta que finalmente lo encontró. Jean estaba al medio del campo con otra mujer bailando. Ofelia quedo mirándolo atónita y su expresión cambio a horror al ver que la otra mujer era un cadáver, al cual Jean le hablaba como si fuera una persona viva. Ofelia cayó en cuenta que Jean siempre había seguido amando a la mujer que había perdido hacía dos años.

     De rodillas cayo al piso mientras que los narcisos comenzaban a envolverla. Se estaba ahogando y no podía hacer nada para detenerlos. Iba a morir ahí, ahogada en la belleza de la escena que ella misma había pintado, mientras Jean bailaba con la sombra de lo que alguna vez había sido. Sus lágrimas caían mientras los narcisos terminaban de cubrir su cuerpo. Si tan solo todo hubiera sido distinto, si tan solo…

-Doctor, la paciente no reacciona. – dijo la enfermera.

-Oh, ya veo, la descarga fue muy grande para ella. Córtele las muñecas y llévela al depósito de cadáveres. Avise a su familia que la niña se suicido. – dijo el doctor Vincent.

     Se quito los lentes y se sentó en su escritorio molesto. Una vez mas su maquina había fallado. Tenía que encontrar la manera de no seguir matando pacientes, sin duda. 


Imagen hecha para esta historia por Arantxa Luco. 

3

Mañana no será lo mismo

     Ya iban dos días y mi sirviente no prendía la luz de mi habitación, lo que había causado gran alivio al malestar de mis ojos. Iban dos días, que no podía ver claramente y la situación no parecía mejorar en absoluto. Junto a la aparente ceguera que me estaba llegando, unas extrañas heridas comenzaron a aparecer en mis muslos. Eran grandes y quemaban como el demonio; parecía que el mal fortunio me quería consumir.

     Provengo de una familia antigua y numerosa. Mi estirpe se extinguió con el paso de los años y solo el efímero recuerdo de un pasado fructífero y magnificente emanaba en los antiguos cuadros de la casa en la que habito. El desgaste de la fortuna acaudalada por años de explotación a las familias mas pobres del lugar había ido yendo a su fin, causando que el último de su linaje quedara reducido a lo que soy yo en estos entonces.

     El único legado que la familia pareció concebir y considerar importante fue esta vieja casona ubicada en los limites de la ciudad. No hay vecinos ni gente cerca en los alrededores. Solo yo y mi sirviente somos los únicos seres en todo el sector colindante, lo que en cierto sentido me parece más acertado para una persona como yo, que no necesita mas personas alrededor.

-¡Sam! Necesito vestirme. Quiero salir al jardín. No hay sol que me pueda molestar.

     Sam acudió a mi llamada y con una prisa subnormal me hubo vestido y llevado al jardín. La luz de la luna no dañaba mis ojos y la escena del jardín, brillante bajo la luz plateada del cielo nocturno, daba el mejor escenario para el deleite de lo que quedaba de mi alma. Arboles por doquier, junto a una pileta y el viejo cementerio que guardaba los putrefactos cuerpos de los antepasados, marcaban mi vista nocturna. Nada podía ser mejor.

-Señor, ¿necesita algo mas?- dijo Sam

-No Sam. Puedes retirarte – respondí.

     Mi sirviente, con su paso lento y desgarbado por el paso del tiempo, acelero un poco el paso y desapareció entre las cruces del cementerio. Nunca me he preguntado donde duerme Sam (ya que el solo esta en la casona de día) y, ciertamente, no me interesa saberlo. Solo necesito mirar las estrellas.

     Millones de cosas han pasado estos años. Aún recuerdo los años de la niñez; los juegos en aquel parque que se ocultaba sinuoso detrás de la antigua casa, de la supuesta bruja; la imagen de bicicletas recorriendo el frondoso bosque; los banquetes en casa de la abuela, junto a toda la familia y, por sobretodo, la recordaba a ella: Crystal.

     Ella era la más preciosa y delicada niña que en su vida haya visto. Parecía que su madre habría previsto las maravillas que esa niña poseería, junto a la delicadeza de su alma, y coloco ese nombre en justicia de tal beldad. Crystal era agraciada y todo niño que conoció las delicias de su alma, había caído enamorado de ella. Yo no había sido la excepción.

     ¡Oh! ¡Que recuerdos, Crystal! Tu vestido con vuelos, tus trenzas de espiga y el rubor de tu cara al danzar al compás de la música de la naturaleza. Tu eras la hija de la madre tierra, el destello del cometa que solo se digna a aparecer cada mil años. Tu eras la luz que iluminaba los oscuros días que rondaban los años de la niñez y solo el agua verdosa de tus ojos era capaz de purificar hasta los mas intrínsecos demonios.

     Pero llego el fatal día. El sonido azul del agua. La vertiente asesina. El asecho del terror frente todos los que presenciamos la escena. Crystal caía al abismo de la muerte, acarreada por las fiebres que emanan de las pestilentes fuentes de la plaga. A pesar de las muchas muertes que habían ocurrido, solo la de Crystal parecía tocar el alma de todos las que lo habíamos conocido.

     Hermosa criatura de las profundidades abismales, ¿Cuándo la vida se encargo de arrancar el velo de tu respiro? ¿Cuándo Dios, decidió que tu belleza no era digna para este mundo? Quizás el destino quería que el mundo se sumiera en el horror de los días de la muerte, los días en que la oscuridad se esparció sobre el mundo. Las cicatrices permanecerían para siempre.

     Que trágica visión me hace recordar la luna. Creo que simplemente la vida no vale un esfuerzo. Todo lo bello tiene que irse de inmediato y nada parece cambiar. El tiempo es frío y cruel y los esfuerzos por hacerlo mejor son solo infértiles intentos de una gloriosa victoria. El pueril terreno de la vida es solo mugre en este vasto y enorme universo. Nada tiene sentido al final. Solo la muerte podrá liberarnos de la agonía del vivir y de las tormentas de lo cotidiano. Solo la muerte y nada más.

     Las tumbas cercanas mías se mueven despacio. Creo que la hora de despertar ha llegado.

-¡Sam!, trae la linterna.

     Sam se apresura en traer la luz a mis manos. Creo que sabe que lo que ocurrirá en este momento.

-Mantente atrás y espera paciente.

     Las criaturas de la noche se levantan de sus tumbas. Hambrientos y dispuestos a devorar todo lo que encuentren a su paso. Sam se acerca y me quita la linterna de las manos

-No niegues que lo deseas. – dijo Sam

     Miro a Sam con deleite. Mi sirviente siempre ha sabido mis deseos finales. La luna se vuelve roja, como la luna que se ve en el tiempo de cosecha, mientras siento a los muertos envolverme con su manto de frialdad. Quizás Crystal me espere en algún lugar donde juntos recordemos los antiguos momentos en dónde la fiebre no existía.

     Sam me mira por última vez y sonríe mientras desaparece. Mañana no será lo mismo, aseguro que mañana no será lo mismo.


***


1

Cumpleaños

    No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague. Este es un dicho que se aplica en la mayoría de los casos y, obviamente, en el mío igual. Otro año ha pasado para adherir un dígito mas a la suma de mis años en esta vida y planeta. A veces creo que mis años no representan lo que he vivido, de algunas maneras...

    Cualquier persona que me conozca directamente, sabe que no me gustan mis cumpleaños. De hecho, el solo saber que se acerca tal fecha, es suficiente para colocarme horriblemente depresivo. De todas formas, mi tía y mi abuela creyeron que sería bueno hacer algo para festejar la fecha y juntas organizaron un almuerzo y once, dignos para una DIVA.

    Decidir el día de festejación fue un problema. Mi mamá decidió que fuera día sábado (un día antes de mi actual cumpleaños) por motivos práctico. Esto no me pareció muy bien por una simple razón:


¡Los cumpleaños no se celebran un día antes! ¡Es mala suerte!

    (Bueno, ignorando ese hecho, la fecha quedo impuesta y nada se pudo hacer)

    Bien, mi abuela y mi tía, que me conocen de años, saben que uno de mis platos favoritos es el "POLLO AROLLADO". Esta exquisitez consiste en un pollo deshuesado, con jamón, queso, vienesas y huevo. Este se sirve junto con arroz, mas una exquisita salsa secreta que solo ellas saben hacer, la que tiene por nombre "SALSA DE NUEZ", Puede adivinar de qué esta hecha...

    Colocando todo su esfuerzo en dar un buen producto, el resultado fue el siguiente:



    El almuerzo estuvo INCREÍBLE, no pude mas que disfrutar de cada trozo de este plato :)

     Mas tarde, tipo 5 o 6 de la tarde, llego la hora de la once, por lo que mi abuela y mi tía comenzaron a preparar canapés para poder comer algo antes del momento crucial de la jornada: EL PASTEL DE CUMPLEAÑOS.

    Mi tía me había prometido traer una torta Holandesa, pero cuando fue a comprarla no habían en el supermercado, por lo que trajo este adorable pastel de merengue lúcuma:



    Habiéndonos todos sentado en la mesa, mi abuela colocó una vela sobre la torta, la encendió y procedió a apagar las luces para todos a coro poder entonar la muy trillada canción del Cumpleaños Feliz.

(Sí, según la torta cumplo 1 año. Bajo presupuesto de velas, ya saben)

    Un coro desafinado entono la canción del cumpleaños feliz (junto a las graciosas intervenciones de mi tía) y me hermana me sugirió que pidiera 3 deseos antes de apagar la vela. Mis deseos fueron...

Conquistar el mundo, 
poder crear una empresa quemadora de hormigas profesional
y, por supuesto, 
¡Conocer a Cecilia Bolocco!

Okey, esos no fueron mis deseos, lo asumo. ¿Creen que de verdad revelaría lo que pedí? De todas maneras fueron solo cosas buenas, como la gran persona que soy.

+++ Insertar imagen de un ángel aquí +++

Terminé de soplar las velas y mi tía comenzó a decir "Que lo masque, que lo masque". Un pensamiento obsceno paso por mi cabeza, pero decidí ignorarlo y procedí a mascar. 

¡Faux Pas!

    Fuí empujado hacía la torta y quede con mi barbilla manchada con crema. A pesar de eso, no me molesto e incluso lo encontré gracioso. Mi abuela casi se hizo pipi de la risa :)


    y así fue mi cumpleaños número... bueno.


***

    Quiero agradecer de corazón a todos los que me llamaron, mandaron mensajes y me escribieron en Facebook dandome sus saludos. También quiero agradecer a mi tía y a mi abuela por acordarse de mí y querer realizar esto.

    Obviamente, y para finalizar, no puedo olvidar mencionar que Lulupapa, Siete, Octavia, Wolken, Riri y muchos personajes de este Blog estuvieron conmigo en mi cumpleaños, deseandome lo mejor y dandome fuerzas para seguir adelante... :)

Eso es todo por hoy.


0

Navegando en el Elefante



ESTRENO

12 DE MAYO
6

Sacrificio de Sangre


     La tormenta se desarrollaba feroz en el exterior. Nunca se había visto una temporada de tan mal tiempo en aquella ciudad y por ende, las personas no estaban preparadas para los catastróficos resultados de aquella. Inundaciones por doquier, montañas derrumbadas, personas buscando refugio y casas sumergidas en el agua eran el escenario de lo caótico de aquellos días. La pobreza en la que vivían las personas de los sectores que rondaban la antigua casa Kenneth, hacían un patético contraste con lo lujoso de aquella antigua casona.

    Christina, la única hija del matrimonio, dormía en una de las habitaciones sumida en horribles pesadillas. El matrimonio Kenneth era uno de los más ricos de la región. De hecho, el señor Kenneth, déspota y miserable, era dueño de una de las industrias que daba la mayoría de los trabajos en aquella ciudad. El negocio del salitre daba frutos crecientes en aquella época dorada y él, junto a otros extranjeros más, avalados por los vacíos legales aprovechaban de sacar el máximo provecho posible, mientras sus trabajadores eran explotados en las condiciones más miserables de la vida humana. Por otro lado, la señora Kenneth, mujer fría y sorda acerca de los sórdidos negocios de su marido, intentaba mantener las apariencias frente a la aristocracia imperante en aquellos días. Había previsto el matrimonio de su hija muy pronto y ansiosa esperaba ver el día en que su familia se uniría a otra de las mas importantes del lugar.

    Cada noche las pesadillas de Christina se hacían peores. Todo comenzó una noche cuando presa de alucinaciones producidas por la fiebre, se levanto de su cama y acercándose a la ventana pudo presenciar una escena que la dejo helada. Una mujer volaba por los aires dejando un rastro de oscuridad detrás. No pudiendo creer lo que veían sus ojos, los restregó muy fuerte y pudo comprobar que la escena era verdad. Creyendo que se había vuelto completamente loca se desmayo.

-Hija, despierta hija- dijo la señora Kenneth

    Christina abrió los ojos y pudo ver a su madre frente a ella con un rostro pasmado.

-Madre, lo siento, pero fue horrible. Miré por la ventana y vi… ¡Una mujer volando, mamá!- dijo asustándose con el solo hecho de nombrar esa escena.

    Su madre frunció el ceño y la abofeteo fuertemente.

-¿¡Una mujer volando!? ¡Qué disparates! ¡Escúchame bien Christina, yo no quiero que la gente diga que tengo una hija loca, ni mucho menos que esto llegué a oídos de la familia Tronwell! ¿Está claro? – dijo duramente.

-Sí, madre.

    A su madre no le gustaban las cosas paranormales e incluso el solo hecho de nombrar cosas acerca de brujas o cosas así, encendían sus ánimos de una manera poco sana. Ella, como buena hija que tenía que ser, le seguía el juego. No quería casarse con el hijo de los Tronwell. Era diez años mayor y ella todavía no ansiaba atarse a alguien. Quería experimentar muchas cosas en el mundo, pero tenía que cumplir con su rol. Era una Kenneth y tendría que mantener su estatus, aunque esto hiciera que ella sacrificará su libertad.

    A pesar de todo, desde aquel incidente Christina seguía siendo victima de pesadillas diariamente. Sentía como aquella extraña mujer entraba a su cuarto de noche y se acercaba peligrosamente hacia su cuello. No quería pensar nada malo sobre aquellos sueños, pero sinceramente, cada vez que despertaba un amargo sabor quedaba en su boca.

    Cierto día, mientras almorzaban en el lujoso salón de su hogar su madre le hablo:

-Hija, hoy llegará tu prima desde Swadish a pasar sus vacaciones con nosotros. Esta ansiosa por conocernos y explorar los alrededores. ¿Serías tan amable de llevarla a conocer los terrenos? – pregunto gentilmente.

-Sí, estaré encantada. No sabía que tenía una prima en Swadish – dijo extrañada

-¡Ni yo misma! Si no hubiera recibido la carta de mi hermana ayer, no me lo hubiera imaginado- finalizo con una risa.

-Papá no ha llegado. ¿Cuándo volverá?- pregunto Christina.

    Su madre se puso tensa con la pregunta y respondió seria y fría.

-El ha estado ocupado. Los trabajadores del salitre no están contentos con sus sueldos y están amenazando con huelgas. Mal agradecidos, Edward se esfuerza por ellos y de esta manera le pagan. Debería hacerlos trabajar el doble por tal insolencia. – termino respingando la nariz.

-Pero madre, ellos de verdad viven en condiciones indignas, papá debería ayudar a sus empleados. Esos sueldos no alcanzan ni siquiera por los comestibles de un mes.- dijo Christina.

-¡Cállate! – dijo alterada – No quiero oírte hablar sobre esto. ¿Me entiendes? Son asuntos de tu padre y no puedes interferir.

Christina se mordió la lengua para no hablar más. Una empleada se acerco a ellos y dijo:

-Señora Kenneth, su sobrina ha llegado.

-¡Magnífico! Vamos a recibirla al salón – dijo sonriente.

    Christina y su madre caminaron hasta el gran salón donde los esperaba su prima. Era alta, de pelo largo y ondulado. Su cabello era de un color negro intenso, el cual hacía un hermoso contraste con sus ojos verdes. 
Algo en su mirada le sugería que la había visto antes. Su mamá se acerco a ella y dijo en voz alta:

-Christina, te presento a tu prima Octavia. Espero que se lleven muy bien.

***

    Un mes paso desde la llegada de Octavia y Christina no podía recordar mejores momentos que los que pasaba con su prima. Cada tarde después del almuerzo y las clases de canto y piano, salían a pasear juntas por el gigantesco parque que la familia tenía como patio trasero. Mas tarde ambas bordarían hermosos pañuelos que la otra debería ocupar o se irían al salón, donde Christina tocaría la última pieza de piano que había aprendido a la vez que Octavia cantaba con su dulce registro. Christina amaba la compañía de su prima y deseaba que nunca se terminara su visita.

    A pesar de toda la diversión que ambas obtenían cada tarde, las pesadillas de Christina comenzaron a empeorar y gradualmente comenzó a enfermar. Hubieron días en que incluso no podía levantarse de su cama, debido a que no encontraba las fuerzas para hacerlo. Octavia generalmente se quedaba ese día completo con ella y al día siguiente se sentía mucho mejor. Su madre no se explicaba esas repentinas recaídas y tampoco le interesaba mucho mientras ella se pudiera sanar. Dentro de dos semanas el matrimonio con el hijo de los Tronwell se realizaría y solo eso importaba por el momento.

    Mientras paseaban un día por el parque, Christina le dijo a Octavia:

-No quiero casarme.

-¿Por qué? – pregunto la otra.

-No quiero ser la esposa de ese hombre. No es malo, pero no es lo que yo quiero para mi vida. Octavia, quiero ser libre y disfrutar de las cosas sencillas de esta vida. Caminar por el parque, el bosque, ver los animales. Hay tantas cosas hermosas por hacer y no quiero a alguien que me obligue a esclavizarme a un vida que no quiero- terminó triste.

    Octavia la tomo de las manos y le dijo sonriendo:

-Pero no siempre tienes que hacer lo que te dicen.

-No tengo opción Octavia. Mamá me matará si no lo hago. Sea como sea, es mi madre y le debo el respeto que merece. Tengo que hacerlo. Es mi obligación- al decir esto sus ojos se llenaron de lágrimas.

    Octavia abrazo a Christina. Estaban en un lugar alejado del parque. Solo arboles las rodeaban, junto a un lugar donde un tibio pasto se ofrecía para ser recostado.  

-Todo estará bien, te lo prometo- dijo Octavia.

    Christina miro a los ojos de Octavia. Se vio reflejada en aquellos ojos verdes. Vio como su cabellera rubia y lisa bajaba por sus hombros. No se dio cuenta cuando incluso podía ver de muy cerca los ojos de su prima. Octavia abrazo mas fuerte a Christina mientras esta acercaba los labios a ella. Jamás había besado a alguien y se sentía muy bien. Sobre todo si era con ella. La mujer que más la había hecho feliz.

    Ambas niñas cayeron al pasto de rodillas mientras mantenían aquel beso. Christina comenzó a recorrer el cuerpo de Octavia, mientras esta le acariciaba el cabello. Sus manos inquietas llegaron hasta su espalda donde quiso quitar la cuerda del corsé de Octavia.

-No, por favor Christina- dijo Octavia temblorosa.

-¿Por qué? Tú también lo quieres – dijo Christina.

-No esta bien, perdóname Christina – dijo mientras salía huyendo.

    Christina observo triste como Octavia corría hacía la mansión. Una lágrima recorrió su mejilla mientras se levantaba para ir en su búsqueda. No había duda. Sabía lo que sentía por Octavia, aunque eso fuera prohibido por el lado que se le miraba. Era una mujer y también su prima, aunque no podía evitar sentir lo que sentía por aquella niña que corría asustada…

***

    Faltaban aproximadamente tres días para el matrimonio y Octavia estaba mas enferma que nunca. Por alguna extraña razón, las fuerzas no llegaban a ella, lo que no le permitía ni levantarse. Ni siquiera las visitas de Octavia parecían animarla. Su madre estaba completamente histérica y cierto día donde los nervios le ganaron al sentido común, le grito mientras se probaba el vestido de novia.

-DE DONDE SEA SACARAS FUERZAS PARA EL MATRIMONIO. NO QUIERO EXCUSAS PARA NADA.

    Un portazo anuncio que esto se tendría que cumplir a cabalidad. Octavia, quien se encontraba cerca, abrazo a Christina y le pregunto:

-¿Hay algo que pueda hacer?

    Christina miró a Octavia. Hacía días que no le hablaba ni la trataba de esa manera. Sentía unas enormes ganas de llorar. Deseaba con toda su alma acabar con todo, pero sabía que era imposible romper la mano al destino que habían escrito para ella. Ese era su último momento.

-Déjame pasar mis últimos momentos contigo. Tú eres la mujer que me ha hecho más feliz en la vida…

    Christina acercó sus labios a Octavia y estos no la rechazaron. El ambiente se volvía tenso mientras las dos niñas jugaban con sus lenguas. Mucho mas allá de dónde ellas estaban un evento de magnitudes gigantes se comenzaba a generar. Christina ansiosa por explorar a Octavia y en cierto sentido a ella misma, la desvistió y comenzó a descubrir las bondades de la carne, mientras Octavia tan solo se dejaba querer por Christina.

    Ensimismadas en las artes del amor que se descubre recientemente, un bramido rugía en las afueras de la ciudad. Aquel lugar que había sido llamado el paraíso de la economía parecía sucumbir ante lo inminente. Todo se desmoronaría y el débil se alzaría contra el tirano. Siempre está presente el miedo en quienes ostentan el poder. Quien maneja el miedo es poderoso y ciertamente, puede llegar a controlarlo todo. Pero, el miedo también puede ser combatido y este puede devolverse. Edward y sus secuaces gritaban mientras la voz de los oprimidos se imponía ante ellos.

    Octavia dejo a Christina durmiendo en su habitación. La luna llegaría a su punto máximo esa misma noche y debía apresurarse lo máximo que pudiera. Cerró la puerta con cuidado y escondiéndose de los criados y de su misma tía, fue a buscar el escondite donde Lemuria la esperaba.

***


    Christina flotaba en el tiempo. Las sustancias no tenían forma y ella misma podía sentir lo efímero del espacio en relación a los conceptos de lo que está mas allá de lo superfluo. Podía volar y se sentía libre de toda atadura. Recordaba a Octavia claramente y quería encontrarla en aquel lugar en el que estaba. “¿Dónde podrá estar? “se pregunto, cuando extrañamente dos voces se oían a los lejos. Curiosa por aquél hecho comenzó a acercarse a un misterioso lugar. Parecía un sótano, el cual estaba lleno de velas y toda clase de hierbas, mientras un caldero hervía a fuego lento. Dos mujeres hablaban fuertemente. Una estaba sentada y no pudo reconocer quién era, pero a la otra si la reconoció. Era Octavia.

-Hoy día tienes que efectuar el ritual. Si resulta todo bien, la vida se atará a tu cuerpo y podremos volver a la esfera terrestre.- dijo la mujer que estaba en el suelo.

-¿Qué ocurrirá con Christina? – pregunto Octavia.

-Morirá- respondió la otra.

    Christina se sintió pasmada. No podía creer lo que escuchaba. ¿Octavia iba a matarla?

-¿No puedes hacer algo para salvarla, bruja? – pregunto.

-¿Por qué quieres salvarla? Le has tomado cariño por lo que veo. Estás verdaderamente podrida Octavia. 

    Te has estado alimentando de su sangre todo este tiempo y ahora temes por su vida. Es una lástima, pero si no haces el ritual tú desaparecerás y es muy difícil que tu espíritu sobreviva otra vez.

-¡Cállate! Sé todo eso y créeme que me duele. No quiero que Christina muera. Ella no se lo merece, todo esto es mi culpa…

- Veo que has ganado algo de conciencia a la poca humanidad que te queda. Estás aprendiendo. Después  de todo, no eres tan distinta a ese raro que asesinaste hace unos meses…

    Octavia permaneció en silencio y no respondió.

-Es hora que vayamos. Hay algo raro en el ambiente y es mejor evitar contratiempos. Ese cuerpo que posees se descompondrá si no nos apresuramos.

    Ambas mujeres tomaron sus vestidos y procurando que no hubiera nadie, salieron por un hueco que había en la pared hacía el exterior. Aquel lugar era el viejo sótano de la casa de los Kenneth, donde mucho tiempo atrás Christina solía jugar antes que su madre decidiera que era peligroso para ella y mandara a taparlo.

    Christina sentía unas enormes ganas de llorar. Octavia era muy distinta a como ella la había conocido. No imaginaba que ella pudiera cometer esos actos tan horribles, pero a la vez no podía negar todo lo que sentía por ella. Así mismo  siguió flotando por lo que noto era la ciudad y cegada por un destello descubrió algo que le llamo de inmediato la atención. Un montón de personas se reunían en la calle con antorchas. Era casi todo el pueblo y pudo escuchar claramente lo que tenían pensado hacer.

    Sacando fuerzas de flaqueza y decidida a lo que se vendría tomó una determinación. Mirando hacia el cielo y sonriendo felizmente, se lanzo en picada contra su casa donde terminaría lo que Octavia había comenzado.

***

    Octavia llego a la habitación de Christina, dónde esta dormía profundamente. Acercándose lentamente a la cama de Christina, se sentó y comenzó a acariciar su cabello. Lucía hermosa durmiendo y más aún si era a la luz de la luna. Lágrimas corrían por su rostro, le dolía hacer esto y mucho. ¿Esto era lo que los humanos llamaban amor? Vio su existencia completa ante ella y se sintió más miserable que antes. Ella era la culpable de todo, ella había cometido tales errores en el pasado, ella había decidido irse por un camino que no era correcto y aún así la vida le permitía compartir con personas como ella, como Christina…

    Se levanto y camino hacía el centro de la habitación. Esta era grande y espaciosa, lo que le daba el espacio suficiente para empezar el ritual. Sacando de uno de los bolsillos ocultos de su vestido un puñado de azufre, se dispuso a dibujar un círculo y varios símbolos antiguos. Habiendo terminado tal acción, se dirigía a encender unas velas cuando una voz la interrumpió:

-Sé lo que vas a hacer.

    Octavia se volteó y horrorizada contempló como Christina se levantaba de su cama y se quedaba observando el círculo.  Esta tiritaba y parecía que se iba a desmayar en cualquier momento.

-Christina, vuelve a la cama. No estás bien – dijo Octavia

-Estoy perfectamente bien Octavia y sé que quieres asesinarme para volver a tu mundo de nuevo – dijo Christina a la vez que las lágrimas corrían por su rostro.

-Yo… eh… yo no quiero hacerlo. No puedo Christina – dijo mientras caía de rodillas.

    Octavia se sentía más miserable que nunca. No le interesaba nada mas, tan solo dejaría que ese cuerpo en el que ahora estaba se pudriera para así no lastimar a Christina. Pudo sentir dos brazos recorriendo su cuerpo y de improviso la boca de Christina surcaba la suya. Cristina la miró fijamente y dijo:

-Quiero que me expliques todo.

    Octavia la miró fijamente y comenzó:

    “Vengo de otro mundo muy distinto al tuyo. Por ciertos eventos de mi vida, terminé metiéndome en terrenos que no debía. Me entregué al demonio y a todo su séquito para tener en mi vida lo que tenía y al final terminé sin mi cuerpo. Quedé solo como un alma que vaga en la tierra, hasta que recordando las artes malignas que había practicado en vida, pude conseguir un cuerpo a través de un ritual de vampirismo.

    Engañe a un hombre solitario que lamentaba la muerte de su viejo amante. Su dolor y su sacrificio para poder traerlo a la vida me dieron un cuerpo mortal pero a la vez efímero. Este cuerpo que ahora vez es muy inestable, si no se mantiene constantemente termina pudriéndose y por ende, inservible. Ahora, al haber ocupado un ritual de vampirismo, quedé atada a este para poder sobrevivir y todo este tiempo me he alimentado de ti en las noches.

    ¿Recuerdas la noche que viste a la mujer volar? Esa era yo cuando habiendo conseguido un cuerpo, escape del mundo terrestre para buscar a Lemuria, la bruja que habita en tu mundo. Debía escapar de la esfera terrestre ya que el demonio no dudaría en buscarme si sabía que había vuelto a la vida de nuevo. Estando ya acá, Lemuria me dio la clave del ritual para poder tener vida de nuevo. Así fue como embrujamos a la hermana de tu madre y me hicieron pasar a mi como su sobrina. Necesitaba que tú fueras la elegida ya que me habías visto anteriormente y por sobre todo, necesitábamos una mujer que no hubiera sido tocada por hombre alguno. De esta manera llegué acá y lo demás supongo que lo sabes.”

    Christina miró a Octavia y pregunto:

-¿Cuál es el ritual?

    Octavia rompió en llanto y continuó:

-El ritual consistía en hacer un sacrificio humano de amor. Yo debía poder enamorarte para que tu alma sintonizara con la mía. De esa manera, con el poder de tu amor yo volvería. Aún así, al final terminé amándote también y no quiero asesinarte. Tú no tienes que sacrificarte por mí. Esta misma noche me iré lejos. -  terminó Octavia

   Christina se levanto y acercándose al círculo que había dibujado Octavia anteriormente le dijo:

-Haz el ritual.

-¿Qué estás diciendo? – dijo Octavia sorprendida

-Sé que necesitas tu cuerpo. No me queda mucho tiempo en este mundo, ¿puedes escuchar el ruido que hay afuera? – dijo señalando la ventana.

    Un rugido estruendoso rompió con el ambiente que se había creado entre ellas dos. Sonidos de pasos eran notorios y Octavia acercándose a la ventana pudo ver lo que era. Todo el pueblo del lugar se aglomeraba con antorchas fuera de la casa Kenneth. A segundo de haber visto esa imagen la puerta se abrió y Lemuria entro rápidamente.

-Octavia, debes hacer esto rápido. No queda mucho tiempo, ¡las personas que están afuera van a quemar la casa!

-Vamos, hazlo – dijo Christina decidida.

-¡No puedo! ¿Qué sentido tiene hacer esto si no estaré contigo? No tengo nada por lo qué volver a la vida. – dijo llorando.

-¡Tienes que hacerlo Octavia! No me interesa lo que hayas hecho antes. Si pudiste volver, es porque de verdad tienes que hacer algo importante ya sea en este mundo o en el tuyo. Toma mi vida rápido, no me interesa vivir toda mi vida infeliz con un hombre que no quiero. ¡Prefiero que mi vida fluya en ti! – dijo mientras se desmayaba en el circulo.

    Fuertes gritos se escuchaban dentro de la casa. La temperatura del lugar aumentaba considerablemente junto a un fuerte olor a humo. La casa se estaba quemando y no pasaría mucho tiempo hasta que el fuego llegara a la habitación.

-Vamos Octavia, no queda mas opción – le grito Lemuria.

    Octavia viendo que la situación ya no daba para más, entro en el círculo, se agacho y tomo a Christina en brazos. Christina la miró por última vez y le susurró:

-Me hubiera gustado que esto hubiera durado para siempre. Aunque me pone feliz que viviré en ti para siempre, te amo. – terminó sonriendo.

    Octavia sacando las últimas fuerzas que tenía, se dirigió al cuello de Christina y comenzó a succionar toda la sangre que quedaba en el cuerpo de esta. Lemuria se movía alrededor del círculo a la vez que recitaba antiguos hechizos. El fuego consumía  la casa y se acercaba peligrosamente a la habitación. Octavia paro de beber la sangre de Christina y esta, dando sus últimos estertores, sucumbió a la muerte.

    Una fuerte energía emano del círculo y comenzó a cubrir a Octavia. Christina cayó de sus brazos y antes de llegar al suelo comenzó a desintegrarse, pasando a ser parte del cuerpo de Octavia. El fuego ya había pasado a la habitación y con un fuerte estruendo la puerta voló dejando que el fuego avanzará mas rápido para devorar todo lo que se encontraba dentro.

-Debemos irnos hacía la costa – dijo Lemuria – el fuego nos quemará si no nos apresuramos.

    Octavia miro por última vez ese lugar que era consumido por las llamas y tomando a Lemuria en sus brazos, comenzaron a elevarse por los aires atravesando el techo de la antigua casona para salir al aire libre y poder volar hacia la costa, donde Lemuria dijo que deberían ir. Mientras volaban en su camino hacía el lugar, Octavia no pudo evitar pensar en todo lo que había pasado y sobre todo, en la que Christina le había dicho. ¿de verdad ella tendría algo que hacer en este mundo o en el otro?  Fuera lo que fuera, sabía algo: La muerte de Christina no sería en vano… ella no permitiría eso.

    Mientras Lemuria y Octavia volaban por los cielos, los oprimidos celebraban la derrota del poderoso. El caos y el desorden recorrían por todo el lugar y las personas esperaban que un nuevo amanecer llegara para ellos. La muerte del viejo Edward y toda su familia era la coyuntura que ellos necesitaban para un mejor porvenir. La industria y la empresa cayeron en manos de las personas del lugar quienes trabajaron la tierra y comenzaron a ganar mejores condiciones para sus familias. Una nueva era había comenzado para ese mundo.




***


"Lulupapa y la Legión del Elefante" y "Sacrificio de Sangre" continúan en: